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Es fácil encontrar padres que afirman utilizar el refuerzo positivo para que sus hijos repitan los comportamientos deseados. En libros sobre crianza o educación para las familias se siguen leyendo este tipo de afirmaciones.

Pero…

 

¿Sabemos, exactamente, en qué consiste el Refuerzo Positivo?

 

Sinceramente, y por lo que veo a mi alrededor día a día, la gran mayoría de gente NO tiene ni idea.

 

No sé si la confusión viene por lo explicado en ciertos programas de televisión, en ciertos libros o por ciertas personas, el caso es que está teniendo unas consecuencias de las que luego nadie se hace cargo. ¿Por qué? Porque como siempre, seguimos creyendo y afirmando que el comportamiento de un adulto no tiene nada que ver con cómo se le educó en su infancia.

Claro que, afirmar lo contrario, supondría asumir nuestra parte de responsabilidad y nuestra desidia, en muchos casos, a la hora de informarnos y formarnos para darles una educación con cierto grado de inteligencia emocional y de herramientas que permitan su desarrollo de la manera más óptima posible.

¿Formarte te garantiza que tus hijos, cuando sean adultos, van a ser muy “rollito zen”, con multitud de herramientas, con una inteligencia emocional pasmosa y con un autoconocimiento y autocontrol fuera de esta galaxia? Pues no, claro que no, porque el ser humano está en constante evolución y constante aprendizaje (¡¡Y pobre de quien no lo esté, porque todavía no se habrá enterado de en qué consiste la vida!!) y porque, además, no podemos estar metidos en una burbuja.

Somos seres sociales y nuestros hijos se relacionan con mucha más gente a parte de nosotros. Pero sí que serán adultos con mucha más inteligencia emocional que la que hay hoy en día, con muchas más herramientas y con mucho más autoconocimiento que el que tenemos muchos de nosotros.

 

Volviendo al refuerzo positivo (que me voy y parece que me pierdo, pero no!!)…

 

Refuerzo positivo MAL entendido y aplicado

 

El refuerzo positivo MAL entendido es aquel que premia tras un comportamiento deseado. Deseado ¿por quién? Por los padres y/o cuidadores, claro está.

Ejemplo 1:

Mi hij@ ha merendado dentro de la hora que yo quería y luego ha hecho los deberes (increíble que todavía haya deberes). Por lo tanto, le refuerzo en positivo saliendo al parque, dejándole ver la tele, jugando con él o con lo que sea que quiero premiarle”.

 

Ejemplo 2:

“Mi hij@ hace algo que considero que es lo que tiene que hacer como, por ejemplo: un dibujo sin salirse de las líneas, vestirse sol@, comérselo todo, probar un alimento nuevo, …, (cada uno que lo adapte a sus circunstancias)” Y lo refuerzo con un “Muuuuyyy biennn!!!!”, “¡¡¡¡Eres un/a campeón/a!!!!”, “Qué valiente eres!!!”, “¡¡Ohhhh!! ¡¡¡Me encantaaaa!!!” y todos los elogios que se os ocurran.

 

¿La intención positiva? Como te he comentado, que vuelva a repetir ese comportamiento que YO quiero y deseo porque considero el adecuado.

Ahora bien, ¿te has planteado alguna vez cuáles son las consecuencias de actuar de esta manera? Quizá no porque has podido comprobar que funciona, al menos en la mayoría de ocasiones. Que no te lo hayas planteado no significa que no las haya, porque las tiene y no son nada beneficiosas ni durante la infancia, ni en la adolescencia, ni tan siquiera en la vida adulta.

 

Consecuencias del refuerzo positivo MAL aplicado

Algunas de esas consecuencias son:

  1. Se convierten en personas que dejan de hacer y/o decir las cosas por motivación intrínseca (motivación propia). Es decir, todo lo que hacen lo hacen para conseguir una recompensa, ya sea verbal o física (ir algún sitio, hacer algo, que me den lo que quiero, …). Lo hacen por motivación extrínseca.
  2. Terminan siendo personas con baja autoestima, en la mayoría de los casos. En el momento en el que dejan de conseguir la recompensa que ellos buscan, creen que no son lo suficientemente buenos, que no lo han hecho bien y por eso no tienen la atención de los demás, etc.
  3. Muy relacionado con el punto 2, creen que son lo que consiguen/hacen en la vida. Por ejemplo: si no aprueban un examen o sacan una nota baja, creen que es porque no son inteligentes.
  4. Con el uso excesivo y constante dejan de tener importancia y ser eficaces, siendo necesario que la recompensa sea cada vez mayor.
  5. En el caso del refuerzo positivo verbal, cuando abusamos de él, deja de tener validez para el niño o la niña. Es más, es posible que nuestros hijos pierdan la confianza que tienen en nosotros o que dejen de valorar lo que les decimos. Por ejemplo, si cada vez que hacen algún dibujo les decimos que lo han hecho genial, llegará un momento en el que dejará de tener validez y significado.

 

Estas son sólo algunas de las consecuencias de utilizar el refuerzo positivo mal entendido o mal empleado.

 

Refuerzo positivo BIEN entendido y empleado

 

¿En qué consistiría un Refuerzo Positivo BIEN empleado?

 

No se puede negar que nuestra mente funciona por, algo así como, “premios y castigos”. Es decir, si algo le produce satisfacción en algún sentido, lo querrá repetir. Y si algo le produce incomodidad o malestar, tratará de evitarlo a toda costa.

 

Ahora bien, un refuerzo positivo bien entendido y bien llevado a cabo NO se centra en el resultado de la acción y, además, busca la motivación intrínseca del ser humano.

 

Motivación, en su raíz etimológica, viene del latín motivus, que significa “causa del movimiento”. Por lo tanto, una persona motivada es una persona que se mueve por una causa.

 

Esa causa puede ser externa a nosotros (extrínseca) o interna (intrínseca).  Si nuestra motivación viene del exterior, siempre vamos a depender de lo que pase fuera para movernos o no. Si, por el contrario, nuestra causa es interna, da igual lo que pase fuera porque nos moveremos de igual manera.

 

Sabiendo esto, el mejor refuerzo será el que haga que el niño encuentre su causa interna, su propia motivación. No hay mayor recompensa que tomar conciencia de que lo que hemos hecho, lo hemos hecho por nosotros o para nosotros, es decir, porque nos gusta, nos hace disfrutar o porque, a largo plazo, vamos a conseguir eso que tanto queremos (aprobar el colegio, el instituto, una carrera o lo que sea que queramos, lo que se llama recompensa aplazada) y ya sólo por eso, merece la pena hacerlo y repetirlo, independientemente de lo que pase fuera de mí.

 

 

Esto se consigue cuando nos centramos en el proceso en lugar de en el resultado final.

 

Cómo llevar a cabo un refuerzo BIEN empleado

 

Ejemplo 1:

  • “Mira qué dibujo he hecho”.
  • Nuestra respuesta podría ser del tipo: “¿te ha gustado hacerlo?”, “¿Quieres que lo colguemos en algún sitio?” o “cuéntame qué has dibujado”. También podríamos hacer afirmaciones del tipo: “has utilizado muchos colores, ¿te gusta utilizar muchos colores?”, “¿cuál es el color que más te gusta?” o cualquier afirmación OBJETIVA que podamos ver.

 

Si son niñ@s acostumbrado a buscar la aprobación externa, seguramente insistan en preguntarnos que si a nosotros nos gusta. En este tipo de situaciones podemos limitarnos a decirles cosas como:

 

“Me gusta que hagas cosas que te gustan a ti”.

“Lo importante no es si me gusta a mí o no, lo importante es si te gusta a ti”.

“Me gusta que me hayas enseñado el dibujo y que me cuentes lo que había en él”.

 

Ejemplo 2:

  • “He sacado un sobresaliente”
  • “¿Cómo te sientes?”, “¿Cuál va a ser la consecuencia de sacar un sobresaliente?” (Esta última pregunta funciona muy bien en adolescentes que están terminando el instituto porque sacar notas altas supone poder elegir estudios universitarios, en caso de que sea lo que ellos buscan y quieren).

 

Ejemplo 3:

  • Niño o niña que recoge su vaso y su plato después de comer.
  • En lugar de: “qué mayor eres!”, “muy bien!”. Un simple “Gracias” o “Gracias por recoger tu plato y tu vaso”, es más que suficiente.

 

Ejemplo 4:

  • Niñ@ que viene, por ejemplo, con un dibujo y nos dice con voz triste: “es que me ha salido mal, no está como yo quería”.
  • “Bueno, cuanto más practiques mejor te saldrá”, “Si nunca lo haces, nunca te va a salir como tú quieres”, “Lo importante es que lo has hecho, yo a veces también hago cosas que no quedan como quiero, pues sigo practicando y ya me saldrá como a mi me guste”,

 

Se busca ser lo más objetivos y neutrales posible y reforzar SÓLO la conducta, NUNCA a la persona.

 

NO es necesario reforzarlo todo, hay que reforzar con sentido común. Yo siempre digo que no le digas a un niño lo que no le dirías a un adulto (al menos, en la mayoría de los casos). Esto es, si mi pareja cuelga la chaqueta en la percha y no le digo “muy bien! Eres un campeón”, ni le aplaudo…¿Por qué lo tengo que hacer con un niño o una niña? ¿Para que lo repita? ¿En serio? ¿En serio se es un campeón por colgar una chaqueta? Bajo mi punto de vista está totalmente fuera de contexto, lo que haces no te define. Ni eres inteligente por sacar buenas notas, ni un campeón por colgar la chaqueta, ni un mayor por recoger tu habitación.

(Si no lo has hecho ya, te invito a que leas el post sobre Etiquetas y sus consecuencias que escribí hace unas semanas)

 

Beneficios del refuerzo positivo BIEN empleado

De esta manera, crecerán sabiendo y consiguiendo:

  • Nuestro amor por ellos es incondicional.
  • No son el resultado de sus actos.
  • Lo importante es lo que a ellos les mueve, no lo que quieren los demás.
  • El sentido de la independencia emocional.
  • Hagan lo que hagan siempre estaremos ahí para apoyarles.
  • Autonomía y autoestima.
  • Sentido de la objetividad y la crítica constructiva.
  • Mayor tolerancia a la frustración.
  • Saber aplazar la recompensa.

 

Conclusiones

  • El refuerzo positivo NO tiene nada que ver con la persona.
  • Reforzamos el comportamiento y el desarrollo NUNCA la persona.
  • El refuerzo MAL entendido lleva a baja autoestima, a buscar motivación extrínseca, no moverse si no hay recompensa.
  • El refuerzo BIEN entendido lleva a una autoestima sana y autonomía, a buscar la motivación intrínseca, a la independencia emocional, a la tolerancia a la frustración, …
  • NO es necesario reforzarlo todo ni casi todo.
  • Reforzamos con sentido común y adaptado a las circunstancias.
  • Es más eficaz hacer preguntas que hagan que el niñ@ o adolescente busque el motivo o el beneficio de lo que ha hecho.
  • Muchas veces es más que suficiente con un simple “Gracias” y una sonrisa.

 

Si tienes alguna duda o comentario que quieras hacer, te invito a que lo escribas más abajo, estaré encantada de leerte 😉

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