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¿Juega o practica tu hij@ algún tipo de deporte? ¿Sabes, realmente, cuál es tu papel o rol mientras está compitiendo o entrenando? Quizá lo sepas o creas saberlo. Sea como fuere, te invito a que sigas leyendo y a que cuando termines de hacerlo, me cuentes si era lo que tenías en mente o no.

 

Por suerte o por desgracia, mi contacto con el deporte es bastante cercano. Por una parte, estuve durante muchos años compitiendo. Por otra, mi marido trabaja como entrenador y preparador físico.

 

He de reconocer que hace tiempo que no voy a ningún entrenamiento ni competición. ¿Pereza? ¿Falta de tiempo? ¿Incompatibilidad de horarios?….Bueno, tristemente creo que no es un lugar al que ir con niñ@s, con lo que, dejar a mi hijo para ir a ver un partido o entrenamiento no entra dentro de mis planes.

 

Pero….¿Cómo que no es un sitio para ir con niñ@s? :O No, no lo es. Al menos, no bajo mi punto de vista.

 

¿Habéis estado alguna vez en un partido de fútbol? ¿Habéis escuchado alguna vez las barbaridades que se dicen desde la grada? ¿La cantidad de insultos y la agresividad de los espectadores/padres/madres/familiares? Bah! Pero si es lo normal…esto es lo que me más me preocupa, que se considere normal ¿NORMAL? ¿Nos hemos vuelto locos? ¿desde cuando es normal insultar al árbitro, al entrenador o, incluso, a otro jugador? Y, en este caso, me refiero a jugadores que son niños, preadolescentes o adolescentes (sí, lo sé, igualmente pasa con los adultos).

Cuando hago un taller para padres o sesiones individuales familiares,  una de las preguntas que suelo hacer es ¿qué cualidades te gustaría que tuviera tu hij@ cuando fuera adulto? El 100% de las veces, antes o después, sale la palabra RESPETO.

 

La mayoría de nosotros queremos que nuestros hijos tengan una actitud respetuosa hacia los demás. Ahora bien, en una competición es normal insultar a los demás, ¿dónde queda aquí el respeto? Ahh! No!! Claro!! Que quieres que tu hij@ respete a los demás pero tú te puedes saltar esa parte cuando quieras, no? Pues agárrate, porque da igual lo que le digas a tus hij@s y las veces que se lo repitas, ¡¡¡van a hacer lo que te vean a ti hacer!!!

 

Y ADEMÁS DE ESTO…

 

Luego hay otra parte, esa en la que pretendemos que nuestr@s hij@s sean tan mega cracks que nos “saquen de pobres”. Pensamos que tenemos en casa un Messi, un Rafa Nadal, una Mireia Belmonte o una Carolina Marín (entre otr@s posibles deportistas) Y que si les presionamos y no les dejamos respirar van a llegar al top de los tops, se van a forrar, van a cumplir NUESTRO sueño y nos van a dar la vida que nosotros no hemos conseguido por motu propio.

 

Y no, no se me ha ido la cabeza. Esto lo he vivido yo en primera persona.

 

Durante varios meses estuve trabajando y realizando sesiones de coaching con un grupo de preadolescentes deportistas. Muchos de ellos sentían que eso era lo que sus padres buscaban. Y da igual si realmente era así o no, lo importante es que ellos así lo sentían.

 

Había, incluso, chavales que no querían estar en el club, que jugaban mal para ver si sus padres reaccionaban y les daban de baja. Otros que se bloqueaban en mitad de una competición porque sentían que si lo hacían mal les iba a “caer la del pulpo” cuando se subieran al coche. O chavales que el mayor miedo que tenían era que el resto de padres les criticaran por no haber hecho un partido de 10. Y, lamentablemente, más de uno estaba convencido de que cuando no jugaban bien, sus padres le querían un poquito menos.

 

Yo no sé lo que te parecerá a ti, a mí me parece para echarse las manos a la cabeza. ¿Qué estamos haciendo? ¿Dónde ha quedado el sentido común? ¿Dónde está el hacer deporte para divertirse, sociabilizar, aprender cierta disciplina y responsabilidad, por salud, … ?

 

Recuerdo cuando competía y mis padres me decían: “Lo importante es que lo disfrutes, el resultado final da igual”. Esa simple frase me daba la tranquilidad que necesitaba para dar lo mejor de mí. Para confiar en mí. Para estar segura de que pasara lo que pasara mis padres me apoyarían y me seguirían queriendo igual. Pero esto no es lo que abunda hoy en día.

 

HAY MÁS…

 

Luego viene la parte de: “asumir responsabilidades”.

 

Me sigue “flipando” esta parte. Alucino cada vez que veo a padres y madres cargándoles la mochila a sus hij@s.

 

En una ocasión, durante una sesión, una mamá me dijo: “Mi hij@ me echó la bronca el otro día porque olvidé ponerle la botella de agua en la mochila de deporte. Y cuando llegó mi pareja, me echó la bronca también por el mismo motivo”.

 

Cada uno en su casa pone las normas y sabe cómo funciona. Ahora bien, no quieras luego que tus hij@s sean personas o adultos responsables cuando tú te encargas de ser su secretari@, su sirvient@ y la voz de su conciencia.

 

YA BUENO, ESTO ESTÁ MUY BIEN, ¿Y AHORA QUÉ?

 

Pues vamos por partes:

 

1º Si quieres que tu hij@ sea respetuos@, empieza por serlo tú primero.

 

Da igual si tu hij@ es realmente bueno o no en el deporte que hace o practica. Lo más importante es si lo disfruta y si quiere seguir en él.

– ¿Le has preguntado si quiere seguir practicándolo? ¿Si le sigue gustando? ¿Si lo disfruta? Porque es posible que hace unos años le encantara pero que ahora mismo no desee seguir en ello y quiera probar otros deportes o dedicarse a bailar (¡¡vete tú a saber!!) El que no pregunta, no sabe. (lo sé, te encantaría tener una bola de cristal….a mí también! Si la consigues me mandas una 😉 )

 

– Después de esto, pregúntate a ti mism@ para qué quieres que tu hij@ haga deporte. ¿Para que se divierta? ¿Para que se relacione con más gente? ¿Para que se mueva y no esté toda la tarde en casa con la play? ¿Para que aprenda disciplina? ¿Para qué? (ATENCIÓN…… NO ¿por qué?, sino ¿PARA QUÉ?)

 

Seguramente te salga más de una respuesta, así que pregúntate “¿para qué?” hasta que te quedes sin respuestas. ¡OJO! Este es un ejercicio de sinceridad y honestidad profundo. No todo el mundo es capaz de ser sincer@ consigo mism@, inconscientemente tenemos miedo hasta el juicio que podamos hacer de nosotros mismos. Ten en cuenta que nadie escucha tus pensamientos, así que permítete hacerte el regalo de La Sinceridad.

 

Te digo esto porque las primeras respuestas suelen ser las mismas. La diferencia está en las respuestas que vienen desde lo más profundo.

 

Y quédate con dichas respuestas porque más tarde las retomaremos.

 

– Ahora es el momento del segundo acto de sinceridad. Pregúntate si estás tratando que él o ella sea o haga lo que tú no pudiste en su momento o no puedes ahora.

Quizá te pueda sonar descabellado, pero muchas veces y de manera inconsciente, tratamos que nuestr@s hij@s cumplan con nuestros sueños. Te garantizo que pasa en muchas más ocasiones de las que nos imaginamos. Y no, esto no significa que seamos unos padres horrendos, SIEMPRE hacemos las cosas lo mejor que sabemos en cada momento. Así que, no vale juzgar, ni juzgarte!!

 

Respetar a tu hij@ no significa que haga lo que tú quieras que haga, sino respetar sus decisiones y sus elecciones (siempre y cuando no perjudiquen a nadie), te gusten más o menos.

 

Quizá tú veas que es muy buen@ jugando al ajedrez y que sin embargo, él/ella prefiera dedicarse a tocar el violín.

 

Ahora bien, si en tu casa es requisito indispensable practicar algún deporte o algún arte, entonces no cabrá la posibilidad de que tu hij@ decida no hacer nada y quedarse en casa o irse con l@s amig@s. En este caso, tendrá que elegir qué hacer, qué deporte o qué arte practicar. Pero esto no significa que seas tú quien tenga que elegir por él o ella. RESPETA SUS DECISIONES.

 

El respeto pasa también por aprender a respetar a los demás. ¿Qué sentido tiene que quieras que tu hij@ sea respetuos@ si te está oyendo a ti insultarle al árbitro, al entrenador/a o a otros jugadores/participantes? ¿O hay gente que merece respeto y otra no? No quieras que tu hij@ se convierta en un adulto respetuoso si está creciendo en un entorno en el que no se respeta al resto de personas.

 

2º Si quieres que tus hij@s sean adultos responsables, empieza por dejarles ser niñ@s/adolescentes responsables. Cultiva el sentido de la responsabilidad en ell@s.

 

– Esto significa que si tienen que prepararse algún tipo de mochila, son ell@s quienes se la preparan. Y si llegan al entrenamiento y les falta algo, deberán asumir las consecuencias.  Y, además, por loco que te parezca, son ell@s quienes llevan y transportan dicha mochila, no tú!!

 

(En otro post hablaré de los deberes porque aquí también hay miga).

 

– Y cuando llegan a casa…¿adivinas qué? ¡¡¡Ell@s se encargan de vaciar esa mochila!!! Sí, así, como lo lees. Y ahora quizá estés pensando: “si no se la vacío yo tiene toda la ropa arrugada y sudada ahí metida hasta que crie”. Bueno, pues cuando tenga que volver a entrenar se tendrá que ir con la ropa arrugada y sudada. Lo sé, esto te remueve porque ¿qué van a pensar de ti como padre/madre? O….van a pensar de mi hij@ que es un/a guarr@!! Al final, cada uno va a pensar lo que quiera pensar. Quizá la pregunta a plantearse sea: ¿Es más importante lo que puedan pensar los demás, o que mi hij@ aprenda a ser una persona responsable y consecuente (además de aprender a NO depender de nadie)?

 

3º – Cuando estés viendo un partido o competición, acuérdate de que tu hij@ tiene un entrenador/a.

 

Parece que se nos olvida o, lo que es peor, creemos que sabemos más que una persona que ha estudiado y se ha preparado para ser entrenador/a.

Quizá te parezca una locura, pero l@s entrenadores/as suelen tener una estrategia y unos contenidos a trabajar. NO sacan a l@s jugadores/as al “tún-tún” y ya está. Te puede gustar más o menos. Te podrán agradar más o menos. Pero por mucho que tú sepas, NO ERES EL/LA ENTRENADOR/A. Si quieres serlo, habla con el club y solicítales una entrevista, llévate el curriculum y opta a serlo.

 

Vamos a hacer un ejercicio muy simple:

 

  • Imagínate que eres un/a niñ@.
  • Tienes a papá/mamá en un lateral y en el otro lateral tienes al entrenad@r.
  • Ahora, el/la entrenador/a te empieza a dar una orden y tu papá/mamá te da otra totalmente distinta. Y, además, los dos lo hacen gritando como si no hubiera un mañana.
  • Si le haces caso a papá/mamá, se pondrá muy content@ pero el entrenador/a seguramente no te vuelva a sacar de titular el siguiente partido.
  • Si le haces caso al entrenador/a, te seguirán poniendo de titular pero papá/mamá te van a castigar sin la play o sin ir al cine porque se van a enfadar contigo. (Da igual si esto va a ser cierto o no. Como he dicho antes, esto es lo que ell@s creen que pasa, por lo tanto, lo tomamos como cierto).
  • ¿Qué decides hacer? Y te recuerdo, que tienes que ponerte en el papel del niñ@.

 

Si consideras que tendría que hacer lo que tú le dices, no l@ lleves a practicar deportes de equipo. Lléval@ a hacer otra cosa y ponte tú como su entrenador/a.

 

Si, por el contrario, consideras que tendría que hacer lo que el/la entrenad@r dice, ¿qué sentido tiene que te “desgallites” en los partidos diciéndole lo que tiene que hacer?

 

4º- Enséñales a analizar.

 

En el punto 2 te hablaba de la responsabilidad.

 

Bien, responsabilidad también pasa por hacerse responsable de sus decisiones cuando están jugando o entrenando.

 

Uno de los aspectos que más tuve que trabajar en las sesiones de coaching con el equipo que os comentaba era precisamente este.

 

Cuando venían después de haber ganado un partido, el mérito siempre era de ellos. Habían jugado muy bien, hecho buenos pases, tomado buenas decisiones.

 

Cuando el resultado era negativo, SIEMPRE era culpa de los demás. El otro equipo era de segundo año, eran más grandes físicamente, el árbitro pitó muy mal, etc.

 

“Ni tanto, ni tan calvo”.

 

El árbitro habrá veces que nos favorezca y otras que no. Los que tengamos enfrente, a veces serán más mayores y otras veces serán más pequeños. Y así sucesivamente.

 

Si les enseñamos a centrarse en lo que pasa fuera ¿dónde queda la parte que ellos tienen que aprender a asumir? ¿dónde queda el enseñarles a ser consecuentes y responsables?

 

En coaching hablamos de 3 partes: Activar, desactivar y mantener. Que no es otra cosa que pararse a analizar, de manera OBJETIVA, tres aspectos fundamentales:

 

  1. ¿Qué es lo que no he hecho y podría haber hecho para jugar/competir mejor? ¿Cómo lo puedo hacer la próxima vez?
  2. ¿Qué es lo que he hecho que me ha perjudicado y no quiero volver a hacer?
  3. ¿Qué es lo que he hecho que me ha beneficiado y quiero volver a repetir?

 

Cuando les ayudamos a analizar estas tres partes, les estamos dando el poder sobre las decisiones que toman y, además, les estamos responsabilizando y haciendo consecuentes de sus actos.

Aprenden a que, pase lo que pase fuera, tienen el poder de decidir y cambiar sus decisiones de acuerdo al resultado que busquen.

Aprenden a tolerar la frustración y aprenden a que no pasa nada por equivocarse porque los errores les están sirviendo para saber qué es lo que no funciona o no da el resultado que ellos esperaban.

 

5º- ¿Recuerdas la pregunta de antes? Te pedí que te guardaras las respuestas ¿PARA QUÉ llevas a tus hij@s a que practiquen deporte?

 

  • Si l@s llevas para que se diviertan. No tiene sentido que l@s presiones ni que insultes a nadie.
  • Si l@s llevas para que aprendan. Déjal@s aprender. Y quien les enseña es su entrenador/a, no tú.
  • Si los llevas para que se relacionen. Déjal@s relacionarse desde el respeto. No le faltes tú el respeto a nadie y enséñales relaciones sanas y respetuosas.
  • Si los llevas para que se muevan y no estén toda la tarde sin hacer nada. Sigue sin tener sentido que l@s presiones o que te pongas a gritar desde la grada diciéndoles lo que tienen que hacer, insultando o faltándole el respeto a nadie.
  • Y si los llevas para que se conviertan en un@s mega cracks del deporte, lo único que van a conseguir presionándol@s va a ser que lo aborrezcan y que quieran dejarlo. Muéstrales tu apoyo. Incúlcales la importancia de la disciplina (entiéndase por disciplina ser constante, perseverante, etc) dentro del deporte, del respeto por los demás y de la responsabilidad de las decisiones que tomamos.

 

CONCLUSIÓN…

Conviértete en el adulto en el que quieres que tus hij@s se conviertan.

Sé coherente. No les pidas aquello que tú no les estás enseñando.

 

 

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