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¿Qué hago cuando mi hijo tiene una rabieta en público?

Seamos sinceros, todos nos hemos preguntado alguna vez qué hacer cuando nuestro hijo tiene una rabieta en la calle. Porque sí, porque forma parte de la vida encontrarse alguna vez en la situación en la que nuestro hijo o hija, lejos de colaborar y facilitarnos la existencia, ha decidido lanzarse al suelo, cual pájaro planeador y empezar a gritar como si no hubiera un mañana.

Sí, lo sé, quieres que te diga qué hacer en esos casos en los que tienes un conflicto con tu hijo en público. Pero, déjame decirte algo, para poder encontrar la solución, primero debes entender qué es una rabieta en realidad, porqué se produce y qué mensaje es el que hay detrás.



 

Qué son las rabietas y porqué se producen

 

Una rabieta es la manera que tiene el ser humano (tanto niños como adultos) de expresar cómo se siente en un momento determinado o qué necesita.

¿Y por qué no lo dice sin más? Pues porque no siempre tenemos la riqueza de vocabulario necesaria para expresarnos.

Un adulto no se tira al suelo y empieza a patalear.

rabieta en la calle

Pero…

¿Nunca te has visto en la situación de enfadarte y entrar en un bucle de queja sin final?

¿O ir conduciendo, entrar en un atasco y poner el grito en el cielo?

 

Pues eso es una rabieta en adulto.

Sabiendo esto, quizá ya te has dado cuenta de que, lo que los adultos llamamos “rabieta”, no es más que un comportamiento absolutamente normal para la edad que tiene tu hijo/a.

Otra cosa, muy diferente, es que a los adultos no nos guste porque es cuando salen a relucir, de manera inconsciente, nuestros miedos y creencias.

 Por lo tanto, y antes de continuar…

 

¡Tu hijo o tu hija no es un/a manipulador/a!

 

Es un niño o una niña con un desarrollo evolutivo totalmente normal. De hecho, preocúpate si tu hijo/a no las tiene.

En esta entrada, te explico más sobre las rabietas desde un punto de vista neurológico. (próximamente)

 

Cuándo se producen las rabietas

Las rabietas en lugares públicos, o en cualquier otro sitio, se producen cuando hay lo que llamamos un “secuestro emocional” o “secuestro amigdalar” (como lo denominó Daniel Goleman).

Piensa en un momento de tu vida en el que te hayas puesto nervioso o nerviosa durante una discusión.

¿Te ha pasado que un rato después se te han ocurrido mil argumentos para defender tu postura.

rabieta berrinche niño calle

Y de pronto has pensado…

¿Por qué no se me ha ocurrido cuando estaba discutiendo y se me ocurren ahora. 

O en un momento en el que estabas tan nervioso o nerviosa que no fuiste capaz de reaccionar ante determinada situación.

Bien, pues esto te sucedió porque en ese momento estabas teniendo un secuestro amigdalar y, por lo tanto, no eras capaz de razonar ni de pensar.

Lo mismo sucede con los niños y niñas. Cuando tienen un secuestro amigdalar, no son capaces de razonar.

Además, añádele que la corteza frontal, la encargada de reflexionar y razonar, la tienen tan inmadura que es muy injusto pedirles que razonen cuando, biológicamente hablando, es imposible para ellos.

 

Si quieres saber más sobre esto, tienes más información en este post. (próximamente)

 

Así que, cuando tu hijo o hija esté en plena rabieta, deja de decirle frases del tipo:

“¿Es que no ves que estás haciendo el ridículo?”

“¿Pero te quieres tranquilizar ya?”

“¿No estás viendo que es una tontería/no pasa nada?”

“Menudo circo estás montando”

O…

“No te puedo sacar de casa”. 

 

Porque no, no se está dando cuenta de nada de eso porque no es capaz casi ni de pensar.

Lo único que puedes conseguir es desconexión con él/ella, que se sienta incomprendido o desestabilizar su autoestima, entre otras cosas.

Cuándo desaparecen las rabietas

Las rabietas tienen su máximo apogeo, entre los 2 y los 4 años aproximadamente.

Hay niños que empiezan a tener rabietas a los 18 meses y otros que con 5 años todavía las tienen.

 

Las edades que se dan son siempre de aproximación, y pueden variar mucho de un niño a otro.

secuestro emocional niños

Es cierto que a partir de los 4 años se ha observado una disminución progresiva de las mismas.

A mi modo de ver, simplemente mutan y se transforman. Las seguimos teniendo durante toda la vida, la diferencia está en cómo reaccionamos.

Quizá ya no nos tiramos al suelo a gritar y patalear, pero internamente sí que gritamos y pataleamos.

 

Por lo tanto, se podría decir que las rabietas empiezan a distanciarse en el tiempo o empiezan a desaparecer a partir de los 4 años. Al menos, de manera visual.

 

Motivos para tener una rabieta

 Los motivos para tener una rabieta pueden ser varios. Pero podemos dividirlas en dos grandes grupos:

Rabietas producidas por necesidades fisiológicas y evolutivas:

Son rabietas que, en muchas ocasiones se pueden prevenir. Vienen dadas por circunstancias como el cansancio, el hambre, el frío, el calor, querer ser autónomos, atención, cariño, etc.

Rabietas producidas para satisfacer un deseo:

Este tipo de rabietas suceden cuando el niño o la niña quieren conseguir algo que no es una necesidad básica. A continuación te pongo algunos ejemplos:

  • Pasas por delante de una tienda y quiere algo que ha visto en el escaparate.
  • Quiere ir al parque.
  • No quiere lavarse los dientes o ducharse.
  • Quiere ver dibujos en la tele.
  • No se quiere poner el cinturón de seguridad o subirse a la silla del coche.

 

Qué información nos dan las rabietas 

Todas las rabietas, ya sean en la calle, en algún restaurante, en el centro comercial, en definitiva, las rabietas en público o en casa, tienen detrás una necesidad no cubierta.

Es importante también tener claro este punto porque, cuando lo sabemos, empezamos a no tomárnoslas como algo personal y a disociarnos de ese momento.

Es decir, aprendemos a verlas desde fuera, con más distancia para ver más claramente qué necesidad puede que haya detrás y cómo acompañar ese momento. 

iceberg rabietas niños hijos

 Las pataletas de nuestros hijos y nuestras hijas no son más que la punta del iceberg, lo que vemos desde fuera. Pero debemos tener en cuenta que el síntoma nunca es la causa. Y que, realmente, lo que sostiene esa rabieta, es la base del iceberg, lo que no se ve.

Cuando un niño tiene una rabieta y no cubrimos la necesidad que hay detrás de ella, es igual que si te duele la cabeza porque no has dormido suficiente y te tomas una pastilla.

Es probable que el dolor de cabeza se te vaya momentáneamente, pero antes o después va a volver, ¿hasta cuando?, hasta que soluciones la necesidad o la causa real.

En este caso, dormir.

 

Cómo gestionar nuestras emociones cuando nuestro hijo o hija tiene una “pataleta” en público

 Porque, con la mano en el corazón, ¿qué es lo que más te preocupa de que tu hijo o tu hija tenga una rabieta en la calle? …. “Los demás”.

Sí, sí, todo ese público que se queda mirando. La señora mayor que pasa por tu lado y te mira como diciendo “esto antes no pasaba, ¿no te da vergüenza? Pobre niño/a”.

 O la madre primeriza que tiene un bebé de meses y parece que está pensando: “deberías saber gestionar este momento”.

Lo que peor sabemos gestionar NO son las rabietas, son nuestras emociones en ese momento.

Pero, si seguimos siendo honestos, estas películas no están más que en tu cabeza. En estas situaciones, perdóname, pero quien tiene que aprender a gestionar su rabieta interna, ¡¡eres tú, amig@!  Recuerda, por favor, en todo momento, que tu hijo/a no tiene mal comportamiento por tener rabietas o pataletas.
rabieta en público

 Simplemente está teniendo un comportamiento acorde a su edad y a sus recursos emocionales. Otra cosa, muy diferente, es que a ti te pueda gustar más o menos.

⚠ Es necesario que tomemos una decisión MUY IMPORTANTE…

¿Vas a ser padre/madre en función de lo que los demás piensen o en función de lo que tus hijos/hijas necesitan?

Dicho lo cual, ¿cómo hacemos para gestionarnos nosotros?

✏ Para empezar, coge papel y boli y empieza a apuntar:

  1. Piensa en una rabieta en público que haya tenido tu hij@ de manera reciente. O una que recuerdes de manera especialmente angustiosa. (también puedes elegir una rabieta que haya tenido en casa).
  2. Empieza a tomar conciencia de qué emociones sentías y anótalas en una libreta cuando las tengas reconocidas. Miedo, Rabia, Ira, Enfado, Desconcierto, Inseguridad, Vergüenza, …
  3. ¿Qué estabas creyendo/pensando (inconscientemente en ese momento) que te llevó a sentir eso que sentiste?
    • Soy mal padre o mala madre.
    • Se van a reir.
    • Mi hijo o hija no me respeta.
    • Qué van a pensar aquellos que me están viendo.
    • Mi hijo/hija va a terminar en “Hermano Mayor”.
    • Me está manipulando.

Y cuando tengas esas creencias identificadas, entonces empieza a trabajar sobre ellas, para comenzar a cambiarlas.

Para ello, te dejo algunas preguntas que quizá te ayuden:

  • Eso que crees de ti en ese momento o que crees de la situación ¿es lo mismo que tú crees de los demás cuando sus hijos tienen rabietas en público?
  • ¿Esa creencia es tuya o es heredada?
  • ¿Qué porcentaje, honestamente, hay de probabilidad de que eso que estás pensando suceda o sea verdad?
  • ¿Qué es lo peor que podría haber pasado en ese “momento pataleta”?
  • ¿Y lo peor que podrían haber pensado los demás que estaban viendo la rabieta?
  • ¿Qué es lo peor que hubiera pasado si, realmente, los demás hubieran pensado eso?
  • Encuentra situaciones que hayas vivido en tu día a día que demuestren que todas esas creencias que te inundan en plena rabieta, no son ciertas.

 

¿Cómo cambiaría tu estado emocional, y la situación, si tuvieras claro que tener una rabieta es un proceso natural por el que todos los niños pasan?

(Sí, tú también pasaste por ahí, aunque no te acuerdes. Quizá ni tus padres lo recuerdan.

Y que, además, tiene que ser así para su correcto desarrollo cognitivo y emocional.

El adulto eres tú. Por lo tanto, eres tú quien tiene que ser un modelo a seguir para tus hijos. Si tú no te sabes gestionar, no pretendas que aprendan ellos.

 

🗝 Las seis preguntas clave 🗝

Hay seis preguntas que son claves cuando queremos aprender a gestionar situaciones que no nos gustan.

Además, las puedes aplicar a cualquier ámbito de tu vida y, te aseguro al 100%, que si las trabajas, va a mejorar tu bienestar emocional de forma exponencial.

“Hacerse las preguntas adecuadas puede suponer un antes y un después en la relación con tus hij@s”

Si las aplicas cada vez que tus hijos tengan una rabieta, te va a cambiar la vida!! Las seis preguntas son:

  1. ¿En qué me estoy enfocando? (Es decir, de lo que está pasando, en qué es en lo que me estoy fijando).
  2. ¿Qué significado le estoy dando? (dicho de otro modo, ¿qué estoy creyendo de lo que está sucediendo?).
  3. ¿Cómo estoy actuando en consecuencia?

 

Una vez que tenemos la respuesta a estas tres preguntas muy clara. Las siguientes 3 preguntas serían:

  1. ¿En qué me quiero enfocar?
  2. ¿Qué significado voy a elegir darle?
  3. ¿Cómo voy a actuar en consecuencia?

Te pongo un ejemplo que puede sucedernos en cualquier momento y te contesto a las 6 preguntas por si te ayuda a verlo con más claridad.

De manera inconsciente, María suele responder de la siguiente manera:

“María va con su hijo a comprar al supermercado. Su hijo le dice que le compre galletas y chocolate. A lo que María le dice que no. Su hijo responde teniendo una rabieta y tirándose al suelo a gritar y a dar vueltas.”

1. ¿En qué se está enfocando? En que su hijo ya está teniendo otra pataleta y que la gente los está mirando.
2. ¿Qué significado le está dando? Que van a pensar que no sabe controlar a su hijo
3. ¿Cómo está actuando? Se pone nerviosa, se enfada y al final, amenaza a su hijo con quedarse sin helado si no se levanta inmediatamente.


María, una vez que ya está calmada, decide volver a formularse las preguntas para actuar de otra manera la próxima vez.

4. ¿En qué se quiere enfocar? En que su hijo está teniendo una necesidad
5. ¿Qué significado le quiere dar? Que, seguramente, no sepa expresar su enfado de otra manera.
6. ¿Cómo va a actuar en consecuencia? Va a conectar con él para que su hijo vea que ella le entiende y respeta su enfado, aunque en ese momento no le vaya a comprar lo que él ha pedido.

¿Te das cuenta cómo cambia el estado emocional de María?

El único cambio que ha hecho ha sido darle otro significado a la situación que se estaba dando.

Eso le ha permitido mantener la calma y conectar con su hijo.

Como puedes comprobar, otra vez, lo que nos agobia de las rabietas, no son las rabietas en sí, sino el significado que nosotros decidimos darle. Cómo nos gestionamos nosotros emocionalmente en ese momento.

Por lo tanto, el trabajo necesitas hacerlo primero contigo para, después, poder acompañar a tu hijo de la manera más respetuosa posible.

Te aseguro que, una vez hecho el cambio de creencias y la toma de conciencia de los miedos que te surgen de manera inconsciente, te va a resultar pan comido gestionar las rabietas en la calle, en el centro comercial, en tu casa, o en mitad de un avión.

¿Por qué? 

Porque una vez eliminadas las barreras que te estaban impidiendo conectar con el sentir de tu hijo o hija, gestionarlas es sólo cuestión de respetar sus tiempos y de que tú mantengas la calma.

 

¿Cómo acompaño a mi hijo o a mi hija cuando está teniendo una rabieta en la calle?

 

En todos los casos hay una serie de pasos que son comunes a cualquier pataleta en público. Te los paso a detallar a continuación:

  • Bajar a la altura de nuestro hijo o nuestra hija.
  • Conectar visualmente con él/ella, siempre que sea posible. Si la situación no nos permite hacerlo, podemos hacer contacto físico con nuestra mano (si él/ella lo tolera, sino, seguimos con el siguiente paso).
  • Conectar con su sentir y con su emoción.
  • Reconducir, si es necesario, o Acompañar.

 

rabieta berrinche parque

Y, como soy fiel defensora de explicar las cosas con ejemplos, vamos a ver una serie de situaciones que se pueden presentar en cualquier momento.

 

Caso 1: Vais a cruzar la calle y no quiere darte la mano ¿qué haces?

  1. Ponerte a su altura.
  2. Contactar visual o físicamente con nuestra mano, si es posible.
  3. Conectar con su sentir y con su emoción: Con amabilidad y firmeza, le podremos decir algo así como: “Entiendo que no quieres darme la mano.”
  4. Reconducir: “Mi obligación es protegerte y es peligroso cruzar solo/a. Dame la mano ahora y cuando crucemos la podrás soltar”.

 

A tener en cuenta: hay ocasiones en las que nuestra labor como padres no va a ser la de educar, sino la de protegerlos. Esto sucederá en los casos en los que su vida pueda correr algún tipo de peligro. Podemos actuar de manera amable y respetuosa, PERO si no quieren colaborar, será nuestra obligación ejercer nuestra autoridad como padres con el fin de protegerlos. En estos momentos puntuales, deberemos ser conscientes de que no les hemos educado, sino que les hemos protegido. Podremos guardar este momento, para abordarlo posteriormente con ellos y darles una explicación (acorde a su edad).

Caso 2: Estáis en un restaurante y se “empeña” en comer arroz, pero allí no hacen y empieza la rabieta ¿qué haces?

  1. Ponerte a su altura.
  2. Contactar visual o físicamente con nuestra mano, si es posible.
  3. Conectar con su sentir y con su emoción: Con amabilidad y firmeza, le podremos decir algo así como: “Entiendo que estés enfadado/a porque te apetece comer arroz. Yo también me enfado a veces.”
  4. Reconducir: “En este restaurante no hacen arroz, pero puedes elegir pizza o carne ¿qué prefieres?” Esperamos contestación. Si no la hay o la que hay es del estilo a “ni pizza ni carne” Podemos contestarle algo así como: “¿Te apetece alguna otra cosa de las que hay aquí?” Y se le dice que es lo que SÍ podría comer/cenar. “Si lo prefieres, puedes no comer/cenar. No va a pasar nada”

Esto último, aunque no te lo parezca, es respetuoso si se le dice con un tono de voz amable y desde el amor más profundo. Le estás dando opciones pero si no quiere ninguna, deberá saber que la consecuencia natural va a ser no cenar, porque no hay otra cosa que le podáis ofrecer. Y todos sabemos, que si decide no comer, no le va a pasar nada, su vida no corre peligro.

Caso 3: Pasáis por una tienda de juguetes y quiere que le compres “lo que sea”

  1. Ponerte a su altura.
  2. Contactar visual o físicamente con nuestra mano, si es posible.
  3. Conecta con su sentir y con su emoción: Con amabilidad y firmeza, le podremos decir algo así como: “Entiendo que quieras que te compre “lo que sea”. En este momento no puede ser”
  4. Reconducir: “Nos tenemos que ir ahora”. (en caso de que tengas prisa). En caso contrario, acompañaremos “Estoy aquí para lo que necesites. Cuando estés calmado/a nos vamos”

Caso 4: Tiene una rabieta por alguna necesidad fisiológica. Por ejemplo, sueño.

  1. Ponerte a su altura.
  2. Contactar visual o físicamente con nuestra mano, si es posible.
  3. Conectar con su sentir y con su emoción: Con amabilidad y firmeza, le podremos decir algo así como: “¿Estás cansado/a? Te entiendo, yo también estoy cansada/o?”
  4. Acompañar: “¿Puedo hacer algo para que estés mejor?” “¿Necesitas algo de mí?” “¿Me das un abrazo?”, …

⚠ Como habrás podido comprobar, hasta ahora, en ninguno de los ejemplos utilizo la palabra “PERO”. Esta palabra, en comunicación la conocemos como “el invalidador universal”. Por ejemplo: Si le dices a tu hija: “Te quiero pero me voy porque me estás pegando”, es como si no le hubieras dicho que la quieres.
Si yo te digo: “Te entiendo, pero no comparto tu opinión” en realidad, el mensaje que a ti te queda grabado es: “no comparto tu opinión”. De ahí la importancia de no utilizar el PERO en la comunicación con nuestros hijos, sobretodo, en estos casos en los que tienen rabietas y necesitan sentirse vistos y sentidos.

 

Si estás pensando que aquí se ve muy fácil. Que la realidad es otra y que si haces esto con tus hijos no te va a funcionar…

¡¡Tienes razón!! NO es fácil. Quizá NO obtengas resultados inmediatos.

¿Quieres resultados inmediatos? No optes por una educación respetuosa y en positivo. Apuesta por el autoritarismo de toda la vida. Tendrás resultados rápidos y niños obedientes.

 

Este tipo de educación, esta conexión con los niños, sólo es apta para aquellos que apuesten por darles raíces y alas a sus hijos. Para aquellos que quieran educar, no adiestrar. Apta para esos padres que apuestan porque sus hijos tengan una inteligencia emocional desarrollada y aptitudes para la vida.

Esto no se consigue de la noche a la mañana. Esto sólo se consigue con constancia y con trabajo nuestro.

Siendo conscientes de que tenemos que evolucionar nosotros y ser modelos para ellos.

 

🎁 Tips extras 🎁

 

  • Cuanto más mantengamos nosotros la calma, más la mantienen ellos. Esto es debido a las “neuronas espejo”. 
rabietas en publico
  • En muchas ocasiones, cuando están teniendo una rabieta y les preguntamos si quieren que les demos un abrazo o si nos dan un abrazo, la rabieta se va por donde viene. Es más efectivo si se le dice “Necesito que me des un abrazo ¿Me lo das, por favor?” Si te contesta que no, puedes decirle entonces “No pasa nada, si luego te apetece, dímelo”.
  • Les ayuda mucho poner palabras a las emociones que están sintiendo en ese momento.
  • Siempre que puedas evitar una rabieta, házlo!!
    • Si sabes que en X calle hay una tienda y que puede tener una pataleta, evita pasar por ahí.
    • Quizá a media tarde suele merendar pero tenéis que salir, llévate algo para que no tenga hambre.
    • O puede que una noche vayáis de cena y es probable que se acueste tarde, entonces trata de que duerma la siesta. Etc.
  • Si cuando vas conduciendo y te ves metido/a en un atasco, te pones como un basilisco y no eres capaz de controlar tus emociones. ¿Te parece justo pedirle a tu hijo o a tu hija que sí que lo haga?

 

La importancia de validar las emociones

 

Es importante que comencemos a validar las emociones de nuestros hijos.

De esta manera, ellos se sienten sentidos, se sienten vistos y comprendidos. Se sienten queridos y tenidos en cuenta.

Piensa en un momento en el que hayas estado realmente triste…

¿A quién fuiste a buscar para compartir tu sentir y lo que te sucedía?:

  • ¿A alguien que te suele decir que “no es para tanto”?
  • ¿Puede que a tu amigo o amiga que te dice “qué exagerado/a”?
  • ¿Quizá a aquel o aquella que te dice “no estés triste”?

 

O, por el contrario…

rabieta en la calle

¿Buscas a alguien que, simplemente, te escuche?

¿Que te diga que puede entender cómo te sientes porque sintió lo mismo en un momento determinado?

¿Que va a estar a tu lado hasta que tú quieras y lo necesites?

 

Conseguir un acercamiento a ellos y, en consecuencia, una mayor confianza y conexión, nos permitirá ayudarles o enseñarles a que gestionen mejor sus emociones día a día.

Esto es una pieza clave para que aprendan a redirigir sus emociones y actuaciones cuando tengan una rabieta. Ya sea ésta interna (muy dadas en la vida adulta) o externa.

Ten en cuenta, que las emociones de tus hijos, son tan válidas y tan importantes como lo pueden ser las tuyas.

Juzgar si algo es importante o no, desde tu punto de vista de adulto, es lo más injusto que puedes hacer por tus hijos

 Es indiferente si estás teniendo una cabreo monumental porque te han subido el precio de la luz, que si tu hijo está igual de enfadado porque se le ha roto su coche preferido.

La importancia de la situación es exactamente la misma.

¡¡Venga ya!! ¿estás de coña, no?

Pues no, no lo estoy.

¿Y por qué?

Pues porque para ti es importante el precio de la luz y para tu hijo es importante su coche preferido.

Y si no te parecen igual de importantes es porque lo estás viendo únicamente desde tu perspectiva. No te estás poniendo en su situación. No estás empatizando.

Si te pones en su situación verás que la rueda de su coche es igualmente importante.

Es más, si te pones únicamente en su situación, podrás comprobar como, lo realmente importante, es la rueda de su coche.

El precio de la luz es una chorrada para él.

Por lo tanto, aprende a validar sus emociones sin juzgarlas y sin juzgar a tu hijo/a.

Respeto hacia sus emociones

Además de validar sus emociones, es igual o más importante, tener respeto por ellas.

Es necesario que les permitamos sentir lo que sienten y NECESITAN sentir en cada momento. Independientemente de si para ti puede resultar embarazoso o incómodo.

Muchos papás vienen a los talleres y a las sesiones de coaching familiar diciéndome: “quiero que mi hijo/hija me respete” .

Y, cuando empezamos a trabajar, se dan cuenta de que ellos son los primeros que no respetan a sus hijos.

En el momento en el que tu hijo/a recibe un castigo por haber tenido una rabieta, ya no estás respetando sus emociones.

Si quieres que tu hijo o tu hija te respete, empieza por respetarlos tú a ellos.

 No sólo no le estás ayudando a que aprenda a gestionarlas y a reconducir, sino que además no las estás validando ni las estás respetando.

¿Qué estás haciendo entonces? Desconectarte emocionalmente de tu hijo/a.

¿Y a qué lleva esto? A que piensen que no les quieres. Sí, tal cual.

En casa tratamos de dejarle muy muy claro a nuestro hijo que, por mucho que nos enfademos, le queremos SIEMPRE.

 

rabietas calle

Él ahora tiene 4 años, pero poco antes de cumplirlos, una tarde, estando en casa, se enfadó conmigo y me dijo que se iba a su habitación hasta que estuviera “tranquilito”.

Pues bien, a mitad de camino volvió y me dijo

“Mamá, ¿a que tú cuando te enfadas también me quieres?”

“Claro!” le dije

“Yo también te quiero aunque esté enfadado ahora”.

¿Por qué te cuento esta situación?

 

Porque creemos que nuestros hijos saben que les queremos aunque nos enfademos o les castiguemos, pero no suele ser así.

De hecho, en sesiones me encuentro, en demasiadas ocasiones, hijos e hijas que tienen la creencia de que sus padres no les quieren cuando se enfadan con ellos.

Por lo tanto, si tu hijo o tu hija ha tenido una rabieta en la calle o en cualquier otro espacio público, y tú no has conseguido mantener la calma, no te desconectes de ellos y déjales muy claro que les sigues queriendo igual.

 

¿Qué hago entonces?

Olvídate de los castigos.

Sólo sirven para crear resentimiento, ganas de revancha, de rebelión, baja autoestima y retraimiento, en todos los casos y en mayor o menor medida.

Son las consecuencias de castigar a nuestros hijos.

Te hablo más sobre los Premios y Castigos, en esta estrada. (próximamente)

Después de la rabieta

Y después de la rabieta ¿qué? Pues una vez que las aguas han vuelto a su cauce, puedes elegir dos opciones:

  1. Dejarlo como está y continuar con el día a día.
  2. Hablar de cómo se ha sentido. Qué emociones ha sentido cuando estaba teniendo la rabieta.
    • Qué se le ocurre que puede hacer la próxima vez cuando se enfade tanto o se ponga tan nervios@, etc.

Conclusiones

A modo de resumen, podríamos decir que los puntos CLAVES en la gestión de rabietas en la calle son:

  • Las rabietas forman parte del desarrollo evolutivo de nuestros hijos e hijas.
  • No son manipuladores por tenerlas.
  • En su mayoría, se producen por falta de vocabulario y de su propia gestión emocional. Por lo tanto, ellos lo pasan mal cuando tienen una rabieta.
  • Antes de pretender gestionar una pataleta en público, es NECESARIO que aprendamos a gestionar nuestras propias emociones. Somos los adultos. Si no sabemos gestionarnos nosotros, no podemos pedirles que ellos/ellas sí que lo hagan.
  • Para hacerlo, es necesario que tomemos conciencia de nuestras creencias y miedos.

Aprende a sentirte cómodo en lo incómodo

 Los pasos para acompañar y redireccionar a nuestros hijos e hijas son:

  1. Bajar a la altura de nuestro hijo o nuestra hija.
  2. Conectar visualmente con él/ella, siempre que sea posible. Si la situación no nos permite hacerlo, podemos hacer contacto físico con nuestra mano (si él/ella lo tolera, sino, seguimos con el siguiente paso).
  3. Conectar con su sentir y con su emoción.
  4. Reconducir, si es necesario, o Acompañar.

 

rabieta en público

Antes de terminar…

¿Quieres una varita mágica?

A continuación te la doy…

Cuando no sepas qué hacer, haz lo que te gustaría que hicieran contigo. 

 ¿Quieres tener toda esta información guardada para volver a ella sin tener que buscarla?

 

 

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