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¿Cómo de comprometido estás realmente con la educación de tus hij@s? (En una escala del 1 al 10)

Cuando hablo de educación, no me refiero a la educación escolar o a que aprendan idiomas. Me refiero a la educación emocional. A ésa que les va a permitir, saber integrar y gestionar todo tipo de emociones. A ésa que les va a permitir ser resilientes y resolutivos tanto en el colegio como en el instituto, universidad o, el día de mañana, en sus trabajos. A ésa que les va a permitir ser conscientes de qué sienten en cada momento y si eso es lo que quieren o no y cómo cambiarlo. A ésa que les va a permitir disfrutar de cada día de sus vidas aun cuando esos días sean grises. A ésa que les va a permitir conectar con los demás y, sobretodo, con ell@s mism@s. A ésa que realmente les va a dar la calidad de vida que tanto quieres para ell@s.

 

 

La entrada de hoy está mas relacionada con una reflexión propia que con transmitir información.

Aún así, es algo que creo necesario compartir contigo puesto que es un tema para reflexionar.

¿QUÉ DICEN LOS ESTUDIOS?

Los estudios llevados a cabo por investigadores durante los últimos 15 años, llegan a una conclusión cuanto menos preocupante: “Nuestros hijos están en un estado emocional devastador”. Además, hay un notable y constante aumento de enfermedades mentales infantiles que está alcanzando lo que ellos llaman, proporciones epidémicas.

Entre otros resultados, me gustaría destacar los siguientes:

– Se ha notado un aumento del 37% en la depresión adolescente.

– Se ha notado un aumento del 200% en la tasa de suicidios en niños de 10 a 14 años.

¿QUÉ ES LO QUE ESTÁ PASANDO Y QUÉ ES LO QUE ESTAMOS HACIENDO MAL?

Tenemos hij@s hiperregalad@s  y con exceso de estímulos exteriores. Niños y niñas a los que no se les permite aburrirse. Niños y niñas criados y educados en la inmediatez, sin cultivar la paciencia y sin ser capaces de posponer la recompensa en aras de conseguir sus objetivos.  Niños y niñas que no disponen de las necesidades de una infancia sana. Son varias, pero me gustaría destacar las siguientes:

Limites claramente definidos.

– Juego creativo, interacción social, oportunidades de juego no estructurados y espacios para el aburrimiento.

Responsabilidades propias de cada edad.

Autonomía.

¿CUÁL ES LA DEMANDA?

Son muchos los padres que vienen a sesiones preocupados por el comportamiento de sus hij@s, por las notas, el carácter, etc.

Cuando me llaman para concertar una primera sesión con sus hij@s, siempre les digo que la primera sesión la realizo con los padres. ¿Por qué? Te estarás preguntando. Ni más ni menos porque los hij@s son reflejo de los padres (salvo patologías o enfermedades, en cuyo caso, yo como coach, no estaría capacitada para tratarl@s. Este tema sería competencia de l@s psicólog@s y psiquiatras).

Al principio de la primera sesión, siempre pregunto cómo de comprometidos están con la educación y el bienestar de sus hij@s. Es sorprendente, pero en una escala del 1 al 10, siempre me contestan que un 10.

Esto está genial, ¿no? Lo estaría si fuera cierto. Como lo oyes, o más bien, como lo lees. Quizá de pronto estás ojiplátic@, pensando “venga ya!!! “Los padres y madres siempre queremos lo mejor para nuestr@s hij@s”. Bueno… de esta afirmación saldrían muchas preguntas como, por ejemplo: “Lo mejor ¿según quién?” o “¿Cómo sabes tú qué es lo mejor para él/ella?” Y muchas más. Pero este no es el tema que nos ocupa hoy. El asunto es otro.

Siempre les aviso que si quieren que su hij@ cambie de comportamiento, son ell@s quienes tienen que cambiar primero. Son los padres y madres quienes tienen que hacer algunos cambios. ¿Por qué? Por lo que te he comentado anteriormente, los hij@s son nuestro reflejo, nos guste más o menos. Reflejo de las cosas que nos encantan de nosotr@s mism@s, y reflejo de eso que tanto odiamos.

Además, y por si esto fuera poco, no se comunican como los adultos esperamos. “Ya, bueno, eso lo sabemos”….¿Seguro? Porque tengo claro que lo sabemos a nivel racional, es lo que nos dice el sentido común. Ya estén en la infancia o en la adolescencia, no tienen la capacidad que los adultos tenemos de reflexionar, programar o prevenir. Pero, inconscientemente, asumimos que lo que necesiten lo van a pedir sin más (ja! Como si los adultos lo hiciéramos!!!).

 

LA REALIDAD

La realidad es bien distinta. No esperes que tu hij@ te verbalice lo que necesita en cada momento, lo que hecha en falta de ti, lo que le preocupa o lo que no consigue saber gestionar, porque no lo va a hacer. Tu hij@ se saldrá “por peteneras”.

No sabrá tolerar la frustración y, de pronto, en lugar de decirte: “Mamá, papá no sé cómo asumir lo que me pasa”, se pondrá a gritar, patalear, pegar, llorar o a cualquier otra cosa, excepto decirte lo que le pasa con un lenguaje adulto. Y tú estarás mirándol@ sin entender nada, con cara de póker y pensando “qué narices te pasa ahora? cansancio? hambre?”, sin saber si gritarle, cogerle del brazo y llevártel@ o ponerte a hacer lo mismo que él/ella.

Y, exactamente igual que pasa con el ejemplo anterior, pasa con casi todo.

Es por esto, que somos los adultos quienes debemos cambiar la mirada hacia el niñ@ o el/la adolescente. Así como nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos con ell@s, además de nuestra forma de tratarl@s y educarl@s.

 

 

En la mayoría de casos, excepto casos excepcionales, en cuanto los padres cambian, el comportamiento de l@s hij@s también lo hace. Esto no quiere decir que dichos cambios sean fáciles de realizar. No por la dificultad de los mismos, sino porque los adultos también llevamos nuestra mochila, nuestros aprendizajes, nuestras creencias, nuestras heridas y nuestras costumbres.

 

¿ES CUESTIÓN DE FÁCIL O DIFÍCIL?

En el taller “niño bueno, niño malo” más de una persona me dijo: “bueno, es que no es tan fácil dejar de utilizar las etiquetas”. Siempre contesto lo mismo, nunca he dicho que sea fácil. Ahora bien, que no sea fácil no significa que no se pueda hacer. Ni nos puede servir de excusa para no hacerlo. Es más, en casa nunca hemos utilizado las etiquetas hacia ninguna persona desde que nació nuestro hijo. Por lo tanto, no es algo imposible de hacer. Todo lo contrario. Es cuestión de cambiar hábitos y costumbres, por otr@s más sanos, emocionalmente hablando.

Retomando el propósito de esta entrada…Cuando termina la sesión y los padres toman conciencia de que, realmente, son ell@s quienes tienen que cambiar algunas cosas, entonces, ese compromiso del que os hablaba al principio y que estaba en 10, baja notablemente.

Y no, no cometas el error de juzgarl@s, no todo el mundo está dispuesto a asumir su parte de responsabilidad, ni a cambiar. Muchísimo menos, si para ello tienen que incomodarse, hacer una mirada instrospectiva y de auto-conocimiento y asumir que, quizá, eso que siempre habían creído que estaba tan bien hecho, no lo estaba tanto. Es un acto de humildad que no todo el mundo está dispuesto a hacer.

 

¿QUÉ OPCIONES HAY?

Por otra parte, y muy relacionado con el compromiso en la educación que reciben nuestr@s hij@s, está el formarse para poder darles una educación de calidad como padres. Y cuando hablo de calidad, me refiero a una educación que tenga en cuenta el bienestar emocional de toda la familia, que nos permita crear lazos afectivos sanos y relaciones sanas (emocionalmente hablando).

Son muchas las personas que vienen y me preguntan: “Oye, me pasa esto con mi hij@, ¿tú qué harías? o ¿cómo lo podría solucionar?”. Además, afirman categóricamente: “es que claro, no nos enseñan a hacer esto o esto otro”. Y es aquí cuando tocan lo más profundo de mi ser.

A este tipo de preguntas y afirmaciones siempre contesto lo mismo: “hay mucha formación para padres, madres, maestr@s y familiares”. Y la contestación siempre es la misma también: “Ya bueno….¡¡¡pero hay que pagar!!!”. He de reconocer que, hace un tiempo, mis respuestas terminaban aquí porque me “tocaba” tanto a nivel emocional que no me sentía preparada para contestar. A día de hoy, mi respuesta es la siguiente: “No sabía que tú trabajaras gratis” (Sí, vale!! No es la única respuesta….también hay ocasiones en las que añado: “cada un@ pone precio a la educación de sus hij@s” o “cada un@ invierte su dinero en lo que considera”). ¿Borde? Quizá puedas verlo así, no lo niego… Para mí, más que borde es realista y a continuación te voy a explicar porqué.

 

QUIEN NO INVIERTE EN LA EDUCACIÓN DE SUS HIJ@S NO SABE LO QUE ES INVERTIR EN EL FUTURO

¿Cuánto dinero al mes te puedes gastar en cosas que no son de primera necesidad? Como por ejemplo: Rebajas, ropa, cafés, tabaco, ocio, restaurantes, compras varias, complementos, perfumes, comida extra (aperitivos, bollería, postres varios de repostería), viajes, desayunos en la cafetería, almuerzos fuera de casa, peluquería, … (añade todo lo que no sea de primera necesidad. Es un acto de sinceridad profunda para contigo, así que, seguramente, no te resulte fácil porque todo lo veas necesario). Un, dos, tres, responda otra vez, como diría mi queridísima Mayra Gómez Kemp.

Tic tac tic tac tic tac…… ¿Cuánto suma el total?

 

Bien hecho!! Ahora… ¿Cuánto inviertes al mes en la educación de tus hij@s, en el bienestar familiar y en tu propio bienestar? Ojo, aquí no entra la academia de inglés, música, chino o alemán. (Seguramente estés muy comprometid@ con que tu hij@ tenga un “buen futuro” y por eso lo llevas a tantas extraescolares, sin ser consciente de que lo que realmente le puede dar un “buen futuro” está muy lejos de sus conocimientos, de las notas escolares o de la cantidad de carreras y másteres que obtenga). Un, dos, tres, responda otra vez!!

Tic tac tic tac tic tac…… ¿Cuánto suma el total?

Última pregunta… ¿Qué diferencia hay entre las dos sumas?

Vale, te he mentido, no era la última pregunta, tengo algunas más:

– ¿Acaso no es la educación de tus hij@s PRIMERA NECESIDAD?

– ¿Acaso no es tu bienestar emocional PRIMERA NECESIDAD?

– ¿Acaso no es tu bienestar familiar PRIMERA NECESIDAD?

– ¿¿¿Entonces???

– ¿Cómo es posible que antepongas un montón de cosas que NO son de primera necesidad, a todo lo demás?

– ¿Cómo es posible que una persona se pueda gastar de media en las REBAJAS más de 100 euros y no invirtamos en nosotros y en nuestra familia?

– ¿Cómo es posible que los españoles gasten de media 924 euros en Navidad y ni un céntimo en nuestro bienestar emocional?

– ¿Cómo es posible que haya quien lleve un móvil de más de 500 euros (tirando por lo bajo) y que INVERTIR 100 euros en formación para dar lo mejor de nosotr@s a nuestr@s hij@s nos parezca una barbaridad?

– ¿Cómo es posible que asumamos que si vamos a una tienda y queremos algo lo tenemos que pagar y que pretendamos que cuando queremos estar bien y que nuestr@s hij@s estén bien, emocionalmente hablando, pretendamos que sea gratis?

– ¿Tan poco valor le estamos dando al futuro de nuestr@s hij@s y a nuestro presente?

– ¿Sigues pensando que, realmente, como padres estamos comprometidos con la educación de nuestros hij@s?

 

 

Todavía más impactante es el caso de las formaciones que se ofrecen de manera gratuita. Porque haberlas, haylas. Ayuntamientos y colegios ofrecen diversos cursos y talleres que son gratis para quienes se quieran apuntar. ¿Lo sorprendente? A penas una veintena, en el caso de los colegios, y poco más de 50, en el caso de los ayuntamientos, son quienes se apuntan y asisten a estas formaciones.

Hace poco, hablando con el director de un colegio me decía: “Miriam, hemos ofrecido una formación gratis para padres sobre inteligencia emocional. En este colegio hay más de 800 familias, y sólo han asistido 16 personas.

Y no es el único caso. Conozco, en toda España, multitud de personas que se dedican a impartir formación a padres y todos coinciden en lo mismo: “Si consigues 20 personas para una formación o un taller, date por satisfech@”.

CONCLUSIÓN

Es muy muy fácil decir: “Quiero lo mejor para mis hij@s” “Estoy 100% comprometid@ con la educación de ell@s”, “Quiero darles la mejor educación posible” y todo el sinfín de afirmaciones que hacemos los padres y madres.

Hacerlo, sentirlo y estar dispuestos a invertir en ell@s y en nosotros como familia, son verdaderamente pocos quienes lo hacen y quienes entienden que, igual que no le pides al albañil que te haga una casa gratis, o a un dependiente que te regale ese jersey que tanto te gusta, tampoco puedes pedir que te regalen esa formación y esos conocimientos que tanto te gustaría tener.

Esto hace que me replantee algo… ya no es que las familias no pueda hacer frente a una formación de menos de 50 euros (en la mayoría de los casos), sino, que ni tan siquiera cuando es gratis asisten. Por lo tanto, ¿es cuestión de precio o es cuestión de compromiso? ¿o quizá es que no somos conscientes de la importancia de ciertas formaciones? ¿o seguimos pensando aquello de: “a mi me criaron con la zapatilla y no he salido tan mal”? Sea como sea, vivimos en un momento en el que tenemos a nuestro alcance muchas posibilidades para llevar la educación de nuestr@s hij@s a otro nivel y, aún así, la mayoría no lo hace. No queramos luego pedirle peras al olmo.

 

¿En qué grupo estás tú? ¿Cuál va a ser tu elección?

 

 

 

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