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Si buscas ejemplos prácticos de cómo educar sin premios ni castigos, te estás preguntando cuáles son las consecuencias de utilizar los refuerzos positivos y negativos y cómo cambiarlos por alternativas emocionalmente más sanas, este es tu sitio.

Hace relativamente poco encontré un artículo que pretendía ser la alternativa definitiva a los premios y los castigos. Así que, en cuanto mis ojos vieron el título dejé de ser dueña de mi mano que rauda y veloz clickeó en el enlace por si a mi cabeza se le ocurría salir despavorida y cerrar el navegador.

Cuando terminé de leerlo lamenté profundamente que mi mano tuviera vida propia en ocasiones y que, además, fuera más rápida que yo procesando mis propios pensamientos.

En modo resumen te diré que venía a decir que los premios y los castigos tenían consecuencias en nuestros hijos y que había que cambiarlos por consecuencias positivas o negativas, dependiendo del momento y de la situación.

Es decir, que si tu hijo no quiere hacer los deberes, no lo tienes que castigar, sólo tienes que decirle que si no los hace no iréis al parque.

¿Maandeee?

Como lo oyes, o mejor dicho, como lo lees. Eso sí, explicándole al niño o niña que no es un castigo, que es una consecuencia.

Y yo, cuando llegué a esta parte, tampoco era ya dueña de mis ojos que se salieron de las órbitas como si quisieran huir de ese momento en ese lugar. 

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Y no me extraña ehh! Porque ¿qué quieres que te diga? esto en mi pueblo es un castigo en toda regla. De consecuencia tiene poco. Bueno, o mucho, pero desde luego, no es una consecuencia natural de la vida. Es un castigo disfrazado con el nombre de consecuencia y que no tiene lógica ninguna.

¿Consecuencia de la consecuencia? Pues la rabia de tu hijo por no entender la relación entre las tareas del cole y el parque.

¿Lo curioso del asunto? Que el artículo estaba escrito por dos psicólogas.

¿Lo que más me preocupa? Que damos por veraz la información cuando viene de alguien que tiene un título, sin pararnos a pensar que un título lo único que te dice es que dicha persona ha hecho unos exámenes y que los ha aprobado según el criterio de su profesor/profesora.

Porque un título no te da el conocimiento. 

Y todo este rollo sólo para decirte que me da igual si le llamas castigo o si le llamas consecuencia. Si en la edad adulta no habría esa misma consecuencia de manera natural, es decir, siguiendo el curso de la vida, entonces es un castigo en toda regla.

Si lo que quieres es cambiar la conducta de tus hijos, adelante, ¡utilízalos! Son “mano de Santo”, funcionan en el 99% de las veces. Eso sí, no les pidas que estén emocionalmente sanos y que tengan una autoestima saludable.

Y no, no me digas que a ti te educaron con premios y castigos y que no tienes ningún trauma porque aquí no hablamos de traumas, hablamos de las repercusiones que ha tenido en tu vida adulta y en tu día a día.

Por otra parte, que no seas consciente de que tienes un trauma, no significa que no lo tengas.

Para que te hagas una idea, y de manera súper resumida, te diré que sólo eres consciente de un 10% o un 20%. El resto, permanece en tu inconsciente sin tú saber porqué está ahí.

Tus acciones y tus pensamientos están sustentados por unas creencias y valores que, en su mayoría, fueron asumidas en la infancia (de los 0 a los 7 años). Esas creencias y esos valores están en tu inconsciente. Por lo tanto, no me digas que no te ha pasado nada porque te hayan educado así porque no lo sabes, de hecho, me atrevería a decir que no te imaginas hasta qué punto te ha podido influir.

 

¿Qué diferencia hay entre las consecuencias o castigos y las consecuencias naturales?

 

No te voy a mentir, esto no es más que una cuestión de significado. Dependiendo de lo que para ti signifique consecuencia y signifique castigo, así serán las diferencias.

Te lo vengo a decir porque hay para quienes una consecuencia natural de la vida es un castigo (véase la actitud de las personas mal-llamadas “victimistas”).

Y te lo digo también porque hay para quienes un castigo es mostrar enfado o un premio dar un abrazo o sonreír. No es a esto a lo que me refiero.

De lo que aquí hablo es de los premios y los castigos que se conocen socialmente por la mayoría, es decir: darte o quitarte algo que te gusta. Lo que también se conoce como refuerzo positivo y refuerzo negativo.

 

Sin irme del mejunje que nos ocupa y volviendo al lio:

  • Consecuencia o castigo: no tiene ningún tipo de relación con la actividad o situación vivida de la que deriba.

Por ejemplo: 

o  “Si no te comes la comida, no hay postre” o la alternativa “Si te comes la comida te doy un helado o una chocolatina”

o  “Si no recoges tus juguetes, no vamos al parque”

o  “Si no te portas bien (me encanta esto de “portarse bien”), no tendrás regalos en Navidad”

  • Consecuencia natural: está directamente relacionado con la situación y sería lo que le pasaría a cualquier persona que llevara a cabo dicha actividad o que viviera dicha situación

Por ejemplo:

o  “Si no te comes la comida, quizá pases hambre”

o  “Si no haces las tareas del cole, es posible que el profesor o profesora te baje la nota en el examen”

o  “Si no te portas bien (por favor, que desaparezca esta expresión ya!)…” ¿Qué narices es “portarse bien”? ¿hacer lo que tú quieres que hagan porque a ti te conviene y te viene bien? ¿qué no molesten.

Esta frase no se puede acabar porque no tiene ni pies ni cabeza

Si quieres que hagan lo que tú les digas y lo utilizas como frase que empieza por: “Si no te portas bien”, estás amenazándolos. Punto.

o  “Si no recoges tus juguetes va a estar todo desordenado y no podremos andar” o “Si no recoges tus juguetes los podemos pisar sin querer y hacernos daños además de que quizá se puedan romper”

Sí, lo sé, no te gusta esta alternativa porque lleva más tiempo, no es tan inmediata como las amenazas y requiere de nuestra paciencia y nuestra colaboración.

Pero ¿qué quieres que te diga? Si tuviste hijos para que te obedecieran y que cumplieran con tus expectativas, tienes un problema, porque entonces no estás viendo a tus hijos tal y como son, sino que estás viendo cómo NO son según tu modelo deseado de hijo o de hija.

 

¿Qué consecuencias tienen los premios y los castigos?

Y hablando de consecuencias, vamos a ver las que tiene amenazar a nuestros hijos o alumnos (sí, esto también pasa en el cole y en los institutos)

 

  • Consecuencias de los castigos/amenazas:

 Sienten rabia y enfado porque tienen la sensación (muy acertada por cierto) de que sus ma/padres no les entienden. No se sienten sentidos. No se sienten vistos. No se sienten tenidos en cuenta.

o  ¿Qué niño, después de más de 6 horas en el colegio y 20 extraescolares, quiere llegar a casa y sentarse a hacer las tareas?

o  ¿Qué persona, después de estar 8 horas trabajando tiene ganas de llegar a casa y ponerse a recoger? NINGUNA. Independientemente de que lo hagas o no y teniendo en cuenta que lo haces porque tienes un motivo mayor a tus ganas. Quizá el ver la casa recogida después. Lo que pasa es que ellos/ellas no tienen esa visión de “futuro”

o  Los niños no están preparados para recoger, están preparados para jugar. ¿Quieres que recojan? Recoge con ellos ¿No te apetece recoger? No les pidas que les apetezca a ellos. ¿Quieres ir a lo rápido y a lo cómodo? Castígales y amenázales para que lo hagan, pero sé consciente de que les estás amenazando y castigando por hacer lo mismo que tú estás haciendo: “querer ser cómodos y no recoger”

 Pronto se dan cuenta de que nada tiene que ver lo que están haciendo o lo que no quieren hacer, con el castigo que están recibiendo. 

o  Lo que se traduce en rabia e ira que van acumulando y que tienden a sacar en la adolescencia.

Pierden la confianza que tienen en nosotros

Se sienten engañados y manipulados

o  Empiezan a sentir inseguridad porque nunca saben cuál va a ser el castigo o la amenaza ante una situación que vivieron ayer sin consecuencias y que hoy sí que las tiene (o al revés)

 Dejan de hacer las cosas por convicción y por motivación interna. Las hacen sólo por miedo y por obligación

o  Esto les lleva a hacer por hacer, sin saber el motivo ni la razón. Y esto, traducido en adolescentes lleva a que nuestros hijos prueben ciertas cosas por miedo al rechazo de sus amigos o por miedo a que les castiguen. Y no que les castigues tú, porque ya no eres su persona de referencia, sino por miedo a que les “castiguen” sus amigos.

  Autoestima muy poco saludable

o  Como consecuencia de lo mencionado anteriormente: no sentirse vistos, tenidos en cuenta, sentidos, etc.

– Culpabilidad por no hacer y ser las personas que sus ma/padres quieren que sean (y si encima los comparamos con lo que sí que hacen los demás niños, ya lo bordamos y nos cargamos su autoestima del tirón y sin miramientos)

o  Esto lleva a la necesidad de hacerlo todo perfecto. A la búsqueda de esa perfección que nunca alcanzaremos porque, básicamente, no existe

o  ¿A qué lleva la perfección? A dejar de asumir riesgos, a no exponernos, a no hacer cosas que no sepamos con certeza que las vamos a hacer perfectas. Porque, inconscientemente, tendremos miedo de recibir un castigo por no ser perfectos o por no hacer las cosas perfectas.

 

Estos comportamientos, tanto en la infancia, adolescencia y en la vida adulta, son totalmente INCONSCIENTES. Ni sabrás que vienen de los premios y los castigos, ni serás consciente de que vienen de la infancia y de cómo te educaron.

 

 Necesidad de aprobación continua. Derivada de la baja autoestima (o autoestima poco saludable). Llegan a querer agradarnos por todo porque relacionan que cuando ma/papá está contenta o contento (o no están enfadados) entonces le quieren. Y un hijo, para que sus padres le quieran, hace lo que haga falta. (Cuidado con esto en la adolescencia y en la vida adulta).

 Sumisión absoluta

o  Igual que lo mencionado arriba, las cosas no las hacen porque quieran, las hacen por miedo al castigo o por evitarlo

o  Esa sumisión pasa a formar parte de él o ella y les acompañará el resto de su vida.

Ahora bien, si pensabas que solo los castigos tenían consecuencias, agárrate los pelos Mari Carmen porque los premios también las tienen, y te aseguro que no son nada positivas. Ahí va eso:

 

  • Consecuencias de los premios:

 Aprenden a moverse por motivación extrínseca, es decir, la motivación tiene que venir en modo de recompensa o aprobación externa. Dejan de ser capaces de buscar una motivación interna. Inhiben el desarrollo de la autodisciplina

o  En qué se traduce esto? Pues que cuando sean adultos, no harán nada (o casi nada) si no es porque obtienen algo a cambio. Y con ese “algo” me refiero a algo externo, no a bienestar, crecimiento personal, etc.

 Se convierten en personas que hacen para tener y así ser. En lugar de SER y desde ahí hacer para tener

o  La consecuencia que más veo que se repite es la necesidad de ser feliz. Son muchos los adultos que creen que cuando consigan X puesto de trabajo, tengan Y cosas o alcancen Z entonces serán felices. Esta creencia viene del sistema de premios y castigos. Si no eres feliz ahora mismo, con las circunstancias que tienes, con el dinero que tienes y con el trabajo que tienes o no tienes, no vas a ser feliz con nada que tengas externo. La felicidad se trabaja desde dentro, nutriéndose por dentro, creciendo por dentro, desarrollándose por dentro. Nada externo puede hacer que tú SEAS feliz. Sólo tú tienes ese poder.

      Igual que pasa con los castigos, también con los premios conseguimos educar a personas que necesitan la aprobación externa constantemente. 

o  “Esto no es malo”, puedes pensar. No, claro que no, siempre y cuando tengan a una persona que les esté validando, no va a ser malo. Ahora bien, como llegue el día en el que no tengan a nadie que les valide, adiós “falsa autoestima”, adiós moverme, adiós avanzar, hola depresión, hola verdadera autoestima poco saludable.

– Se convierten en personas que manipulan al resto y, entre ese “resto”, están sus propios ma/padres. 

 Comienzan a exigir cada vez más

El mismo premio no les va a servir siempre. Es más, conforme vayan creciendo el premio deberá crecer con ellos, quizá en cantidad, quizá en valor. Pero deberá ser así, porque si no es así, entonces no harán lo que se les pida porque habrán perdido la motivación intrínseca y la autodisciplina.

Y si es algo que no te preocupa porque piensas que con una conversación conseguirás restablecerlo porque serán adolescentes o adultos jóvenes y lo entenderán…nada más lejos de la realidad.

Los aprendizajes pasan a nuestro inconsciente y cambiar una creencia o un aprendizaje inconsciente no es cuestión de una conversación ni de 5. Lleva tiempo y dinero en psicólogos, coaches o terapeutas.

¿Cómo puede ser esto? Muy fácil! Hacemos cosas y no sabemos porqué las hacemos. ¿Y porqué no lo sabemos? Porque las creencias que sustentan nuestras acciones están en nuestro inconsciente.

Y, o bien sabemos subirlas al consciente porque nos hemos formado para ello, o bien invertimos dinero en que alguien nos acompañe en el proceso y nos enseñe cómo hacerlo.

En esta entrada te hablo más sobre el engaño del refuerzo positivo

Total, que además de conseguir que tus hijos e hijas se conviertan en adultos con una autoestima poco saludable, que no saben ser felices porque creen que su felicidad depende de lo externo, sin autodisciplina, exigentes con los demás y manipuladores…sale caro!

¿Cuál es la alternativa a los premios y los castigos?

 

La alternativa a los premios y a los castigos son: las consecuencias naturales y las soluciones queridos y queridas.

Enseñémosles a nuestros hijos a resolver problemas, situaciones y adversidades. Preparémosles para la vida. Proporcionémosles herramientas. Desarrollemos todo el potencial que pueden llegar a tener.

Como consecuencia se entiende consecuencia natural, desarrollo natural de la vida, la misma consecuencia que tendría un adulto. 

Imagínate las siguientes conversaciones entre dos personas adultas:

Conversación 1:

(suena el teléfono) 

 Fulanit@ soy Pepit@, hemos quedado esta tarde con Marianit@ y Juanit@ a tomarnos algo que hace tiempo que no nos vemos. ¿Te apuntas?

– Qué va!! No puedo!!

– ¿Y eso?

– Menganit@ (mi pareja) me ha castigado sin salir porque tenía que presentar un informe en el trabajo y no lo he presentado. Además tengo que colgar ya porque le tengo que devolver el móvil, que me lo ha quitado hasta dentro de dos semanas.

 

Conversación 2:

(suena el teléfono)

 Fulanit@, soy Pepit@! Oye, hemos estado hablando del viaje de Navidades y se han apuntado mis cuñad@s también, te importa?

– Para nada Pepit@!! Además, no vamos a poder ir. Así que, por lo menos, tenéis compañía.

– ¿Pero qué me estás diciendo? Si os hacía muchísima ilusión.

– Ya, ti@!! Pero es que me he ido al trabajo sin recoger la habitación y cuando he llegado Menganit@ me ha castigado sin ir al viaje. Además, el dinero del viaje lo necesito para pagarme un/a psicólog@ para reparar mi salud emocional porque ha estado un rato diciéndome que soy un desastre, un/a guarr@, que no tengo remedio y que está cansad@ de mí. 

Si esto pasara en la vida adulta, tardaríamos muy poquito en dejar a nuestra pareja.

Sin embargo, lo hacemos con nuestros hijos una y otra vez sin pararnos a pensar ni en las consecuencias de nuestros actos ni de nuestras palabras. 

Educar, significa guiar. Guiarlos en el camino hacia la vida adulta.

Y ¿qué hacemos?

Meterlos en un mundo que nada tiene que ver con la realidad.

Castigos sin sentido.

Premios sin sentido.

Gritos y humillaciones sin sentido.

 

Y cuando nosotros consideramos, “les damos la patada” y los dejamos en el mundo real (normalmente cuando llegan a la adolescencia). Es entonces cuando están perdidos, no entienden nada, sacan la ira y la rabia. Están desconcertados. Se encuentran sin herramientas para afrontar el día a día. Se agobian, se deprimen, se vuelven agresiv@s.

¿El motivo?

Que nosotr@s como ma/padres no hemos hecho bien nuestra labor. 

Porque educar no es proporcionar ropa, hacerlo todo por nuestr@s hij@s, someterlos y darles de comer.

Educar es mucho más. Es darles amor, confianza, empatía, comprensión, conexión, autoestima, autoconfiaza y muchas herramientas.

¿Cuáles son las consecuencias naturales en la vida adulta?

Por ejemplo: 

“Si no voy al trabajo, me llamarán la atención. Y si sigo sin ir de manera reiterada y sin justificación, me despedirán”

“Si no hago mi trabajo como mis jefes/as me lo solicitan, me avisarán. Y si sigo así, me despedirán”

¿En qué parte de la consecuencia natural está? :

“El sábado mi pareja me castiga sin salir con mis amig@s”. “Mi pareja me quita la consola o el móvil”.  “No podré ir esta tarde a tomarte unas cañas con l@s amig@s”. “Mi pareja cuando se entere de que no he hecho mi trabajo, me castigará sin salir de la habitación”…

 

¿Cuáles son las consecuencias naturales en la infancia y en la adolescencia?

 

Ejemplo 1:

Ante un/a niñ@ que no quiere hacer las tareas del cole/instituto:

“Si no haces los deberes, es probable que el/la profesor/a te baje la nota en el examen. Incluso, es posible que te pueda suspender la asignatura.

“Si suspendes muchas asignaturas, tendrás que repetir curso”

Esa sería la consecuencia natural de “no hacer los deberes” o “no estudiar”.

Es posible que para ti sea extremadamente incómodo lidiar con la incomodidad de que tu hijo o hija suspenda o repita curso. En este caso, lo ideal sería que te lo trabajaras y te lo gestionas tú. Dejarles a ellos la responsabilidad de tu bienestar es dejar la responsabilidad fuera y una actitud de un adulto infantilizado.

Recuerda que:

La única persona responsable de tu bienestar eres tú. Ni los demás, ni nada externo

Y si para ti no es incómodo que suspenda o repita, menos motivo entonces para premiar o castigar.

Ejemplo 2:

Ha tirado un vaso de agua

“Se ha caído el agua. Vamos a recogerla para que nadie se resbale y que no se ensucie todo”

(Nótese el “Vamos”, más todavía si son pequeños. “Vamos” implica tú y yo. No, “ven conmigo de la mano y yo lo recojo”. Es más bien: “ven conmigo de la mano, cogemos el papel y la fregona y lo recoges tú mientras yo te acompaño y permanezco a tu lado”)

 

Ejemplo 3

No quiere recoger su habitación

“Veo que tu habitación está desordenada. Si no la recoges llegará un momento en el que no encuentres nada y además, no tendrás ropa limpia para ponerte”

 Si es pequeñ@: “¿Quieres que te ayude a recogerla o la recoges sol@?”

(Alternativa) “¿Quieres que la recojamos o la vas a dejar así?”

La alternativa es mucho más incómoda para nosotros como ma/padres porque no nos suele gustar tener la casa (en general) desordenada. Pero es una ocasión muy muy buena para que ell@s comprueben lo que pasa si no recogen. Y te aseguro, que antes o después va a recoger porque llegará un momento en el que no podrá estar. 

Aquí, la única dificultad es gestionarnos nosotros.

– Si es adolescente o pre-adolescente: dejamos que tenga su habitación como quiera y ni le recogemos nosotros la ropa, ni le ordenamos la habitación, ni la limpiamos. Llegará un momento en el que la necesidad le haga recogerla. Muchas veces prueban para comprobar dónde está nuestro límite. Si sabemos gestionar nuestra propia incomodidad, antes o después recogerán.

o  Y si te estás diciendo a ti mism@ que se puede tirar así semanas si no se lo recoges tú o si no le amenazas, te vuelvo a recordar que si tú tienes tu habitación o tu casa desordenada, nadie va a venir a castigarte ni a recogerla por ti, ni a lavarte la ropa, ni a recogerte la cocina. Por lo tanto, la consecuencia natural de no recoger es que está todo por medio.

Ejemplo 4:

Ha sacado sus juguetes al salón y no quiere recogerlos.

“Veo que te lo has pasado súper bien jugando en el salón. Ahora vamos a recoger para que pueda haber espacio para todos y que no se rompa ninguno de tus juguetes”

 **¡¡OJO!! Si les ayudamos a recoger, les ayudamos. Es decir, NO recogemos nosotros, sino que les ayudamos y/o acompañamos en ese proceso

Aquí hay que tener muy claro algo: “Una cosa es que sea su habitación la que tenga desordenada y otra muy diferente es que el espacio común de toda la familia esté desordenado porque tu hij@ quiera”.

Educar con respeto no es dejar que haga lo que quiera. Es guiar. Es acompañar. Es establecer normas de convivencia y que sepan respetarlas pero no a fuerza de castigos y premios.

Opciones hay muchas en este caso (como siempre). Alguna de ellas podría ser:

“¿Recoges mientras yo hago X o te ayudo a recoger?”, “¿Recoges tú X juguetes y yo recojo Y?”

En caso de que sean adolescentes o pre-adolescentes, no suele suceder que dejen el salón desordenado (es más un tema de su propia habitación como he comentado antes) Pero si fuera el caso, podríamos explicarles que pueden tener la habitación como quieran porque es su espacio pero que tienen que respetar el espacio común y de los demás para que los demás también respeten el de ell@s.

¿Y si aún así no quieren recoger?

Es interesante tener en cuenta que si desde pequeños les acompañamos y les enseñamos la importancia de respetar el espacio de los demás y el espacio común, no tendremos estas situaciones en la adolescencia.

Si no lo hemos hecho y ahora nos encontramos con esta situación, será necesaria mucha paciencia por nuestra parte para “no perder los papeles” y mucha autogestión. Siempre podremos trasladar sus cosas del espacio común y dejarlas en su habitación sin ordenar, sin recoger y sin limpiar y explicarles tranquilamente que lo hemos dejado allí porque es necesario que haya un orden y un respeto en las zonas comunes y de los demás.

Ejemplo 5

Mi hij@ no se quiere ir del parque y me está montando una “rabieta” increíble.

Es este caso te dejo por aquí un enlace al artículo que escribí sobre cómo gestionar las rabietas en la calle (aunque también te sirve para casa).

 

Ejemplo 6:

Mi hij@ está todo el día con el móvil.

 1º Deja tú el móvil, la tablet o la tele

Proponle actividades juntos. Excursiones fuera de casa. Estableced normas conjuntas para dejar el móvil en las horas de comidas y cenas…

Necesitamos empezar a entender que nuestr@s hijos han nacido en una época totalmente diferente a la nuestra.

Han nacido en la época de las telecomunicaciones, los móviles, las tablets, los videojuegos, las redes sociales, el whatsapp.

No podemos pretender que se aparten de todo ello porque sería lo mismo que si nuestros padres se hubieran quejado de que nos pasábamos el día jugando a las canicas, a pillar o a grabar música en cintas de cassette (o como sea que se escriba).

Pretendemos que nuestros hij@s pasen su tiempo libre como nosotr@s lo pasábamos pero sin hacer nada para que eso suceda y sin ser conscientes de que ni nosotros somos nuestros padres, ni vivimos en la misma época en la que estábamos cuando éramos pequeñ@s.

Es absurdo mantenerlos alejados de ellos pero, si tenemos hij@s pequeñ@s sí que podemos retrasar ese momento lo máximo posible. 

¿Cuántas veces has visto en un restaurante que un niño o niña de a penas un año (o mayores) está comiendo con el móvil encima de la mesa viendo dibujos, juegos o canciones mientras los padres están tranquilamente hablando con los amigos o familiares y sin interrupciones? Luego decimos que nuestr@s hij@s tienen dependencia del móvil/tablet.

¿Dónde ha quedado compartir el rato de la comida e integrar a nuestros hijos en esos momentos?

¿No nos damos cuenta de que somos nosotros quienes los aislamos cuando a nosotros nos interesa para que no nos molesten y luego nos quejamos de que se aislan con el móvil o la tablet, cuando lo único que hacen es lo que les hemos enseñado que hagan?

¿No nos damos cuenta de que queremos que hagan lo que a nosotros como adultos y ma/padres nos conviene en cada momento sin pensar en sus necesidades?

¿No nos damos cuenta de que si esto lo hiciera nuestra pareja con nostr@s ya no estaríamos con él o ella?

Muéstrales de qué manera utilizar el móvil o la tablet para sacar su máximo potencial.

Ejemplo 7:

Mi hij@ no quiere comer.

“Veo que no quieres comer, ¿no tienes hambre o no te gusta la comida?”, “si no comes ahora, es posible que tengas hambre luego”.

Es vital tomar conciencia de algo:

Si a tus invitados no les pones la comida que no les gusta o estás dispuest@ a hacerles otra cosa de comer si no les gusta lo que hay, ¿por qué a las personas más importantes en tu vida o que más quieres sí que les obligas o no es haces lo que les gusta?

 

Y no, tú no comes de todo. Lo que pasa es que sólo cocinas lo que te gusta y sólo pides de comer en los restaurantes lo que te gusta. El resto lo evitas. Sin embargo, obligamos a nuestros hijos a comer lo que A NOSOTROS nos gusta comer. 

 

Porque, imagínate que no te gusta el sushi. ¿A que no vas a hacer un día sushi en tu casa o te vas a ir a un japonés y te vas a obligar a comer sushi? ¿Y por qué motivo sí que les obligas a comer coliflor, acelgas o lo que sea que no les gusta y que a ti sí?

 

¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que educamos a nuestros hijos e hijas tal y como a nosotros nos gustaría que fueran SIN RESPETAR CÓMO SON?

 

¿Por qué mi hij@ no me obedece si no es con amenazas o castigos?

 

Pues seguramente porque tenga una necesidad que no está siendo cubierta.

¡¡Pues que me la pida!!

Sí claro! Pues que llueva dinero del cielo ya puestos, no?

Los niños muchas veces no saben pedir lo que necesitan:

1º Por la falta de vocabulario

2º Porque la mayoría de los adultos tampoco lo hacemos

¿Cuántas veces has dicho eso de: “deberías saberlo”, “si me quisieras lo hubieras sabido” o “ya me conoces, tendrías que saberlo”?

3º Porque no les hemos enseñado a hacerlo

4º Porque en muchas ocasiones no son conscientes de lo que les pasa

Es posible que tu hijo o hija necesite pasar más tiempo contigo, necesite cubrir alguna necesidad biológica, necesite más atención, necesite ser visto y ser tenido en cuenta. En fin…cualquiera de esas necesidades que no solemos darles y que son básicas para su correcto desarrollo.

¿Pero cómo voy a pasar tiempo con él/ella si entre el trabajo, la casa, el cole, sus extraescolares y los deberes no tenemos tiempo libre? Pues no lo lleves a tantas extraescolares que no necesitan tanto sociabilizar con los demás (y ya lo hacen en el colegio/instituto) y sí necesitan sociabilizar CONTIGO.

Miriam, es que mi hij@ siempre viene a preguntarme si me gusta lo que ha hecho, a traerme las notas, lo deja todo desordenado y parece que lo hace a cosa hecha para fastidiarme, todos los días igual!!! [inserte aquí el que sea su dolor y queja]

¿Qué hacer en estos casos?

Bajar a su altura

Validar su emoción o su comportamiento: “entiendo perfectamente que no quieras recoger. A mí a veces también me pasa”

**En los casos en los que han transpasado un límite, propio o ajeno, no podremos validar el comportamiento. Por ejemplo, cuando se pegan o agreden a alguien, física o verbalmente, o  cuando rompen algo. Sin embargo, en estos casos sí que podemos validar la emoción: “entiendo quizá estabas muy enfadado”.

Acompañar: “¿quieres que te ayude?”, “te acompaño a que recojas”

Ejemplo: No quiere hacer las tareas del cole/instituto

1º Ponernos a su altura

2º Validar su emoción o su comportamiento: “Entiendo perfectamente que no quieras hacer las tareas del cole/instituto. A mí, a veces, también me parece un rollo hacer cosas del trabajo/casa”

3º Explicamos la consecuencia natural: “Si no los haces es posible que te bajen la nota del examen”

4º Buscamos solución: “¿Qué se te ocurre que puedes hacer para terminar pronto y que tengas tiempo libre?” o ¿Qué quieres hacer: realizar las tareas cuanto antes o llevarlas sin hacer?”

5º Acompañamos: “Confío en ti y te quiero, decidas hacer lo que decidas hacer”

6º Gestionamos nuestra propia incomodidad

Habrá ocasiones, muchas de hecho, en las que nuestros hijos y nuestras hijas tomen decisiones en las que no estaremos de acuerdo o que sabremos, por propia experiencia, que quizá no es la más “adecuada”, “acertada” o “rápida”.

Aún así, deberán saber que estaremos a su lado y les apoyaremos, porque somos conscientes de que ellos y ellas deben seguir su propio camino para poder tener los aprendizajes que les correspondan.

Podremos dar nuestra opinión y contarles nuestra experiencia, teniendo en cuenta de que, siempre que su integridad no corra peligro, serán ellos y ellas quienes decidan.

  

En lugar de los premios:

 

Ejemplo 1: Buenas notas

1º Ponernos a su altura

2º Somos objetivos: “veo que has sacado un X en el examen”

3º Conectamos y les damos la importancia a ellos: “¿cómo te sientes?”

4º Reforzamos su autoestima: “Saques la nota que saques te voy a querer exactamente igual, eres igual de importante, vales exactamente igual, porque tú vales sólo por existir”.

 

Ejemplo 2: Aprobación continua

1º Ponernos a su altura

2º Somos objetivos: “veo que has pintado un dibujo con muchos colores”

3º Conectamos y les damos la importancia a ellos: “¿te ha gustado pintarlo?” “¿quieres ponerlo en algún sitio?”

4º Nuestra opinión importa un pimiento: “lo más importante del mundo es que a ti te guste y te lo hayas pasado bien”.

 

Y si te sigue preguntando si te gusta porque está acostumbrad@ a la aprobación externa, pues no pretendas que vaya a cambiar en un momento lo que lleva años integrando y creyendo.

Así que le puedes decir que te gusta que se lo pase genial o que el dibujo te gusta pero que lo más importante es que le guste a él o ella, etc.

 

Algunos estudios al respecto:

 

Por si quieres ampliar información, te dejo aquí un meta-análisis de 88 estudios que publicó en 2002 Elisabeth Gershoff (psicóloga del desarrollo humano, PhD en “desarrollo del niño y las relaciones familiares”. Su investigación se centra en el impacto de la disciplina de los padres (o del modelo educativo) en el desarrollo del niño y del adolescente) 

Y si, además de castigarles, les gritas cuando lo haces, aquí te dejo unos estudios bastante interesantes sobre las consecuencias que tiene:

La Universidad de Nueva York realizó una investigación que fue publicada en 

Current Biology  en la que determinaba que: 

“El grito tiene una propiedad sonora única. Nada produce un énfasis similar. Porque impacta y activa el centro neuronal del miedo, que está en la amígdala”. 

 

Este estudio publicado por la Universidad de Harvard, afirma:

“Los gritos, el maltrato verbal y la humillación o la combinación de los tres elementos alteran de forma permanente la estructura cerebral infantil”.

 

Las universidades de Pittsburg y Michigan llevaron a cabo una investigación que fue publicada en Child Development:

“Los efectos de esta violencia verbal provocan problemas de conducta en los menores, como discusiones y peleas con compañeros, dificultades en el rendimiento escolar, mentiras a los padres, síntomas de tristeza repentina y depresión”. 

Conclusiones:

– Las consecuencias, si no están directamente relacionadas y no son el curso natural de la vida, no son consecuencias, son castigos

Tanto premios como castigos tienen consecuencias importantes en la salud emocional de los peques

Educar no es cómodo ni rápido. Educar lleva tiempo, requiere incomodidad, respeto y aceptación

– Educar no es que nuestros hijos hagan lo que queremos o que sean como queremos. Educar es acompañarles en el camino y prepararlos para la vida real

– En lugar de castigar y premiar, valida, da opciones, pregúntale para que busque soluciones, no se las des tú. En caso de que no se le ocurra ninguna solución, ofrécele varias (mínimo 3) y que sea él o ella quien decida la que va a llevar a cabo., independientemente de que a ti te parezca la mejor opción o no. Tus hijos no necesitan la que para ti es la mejor opción. Necesitan la que para ellos es la mejor en ese momento para aprender lo que tengan que aprender

Acompañar y guiar no es obligar, someter, juzgar ni humillar

Educar y acompañar requieren amor incondicional, confianza y respeto absoluto.

“Acostúmbrate a sentirte cómodo en la incomodidad”

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