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¿Cuál es el impacto de nuestras palabras en los peques y en su desarrollo?

Hace poco realicé el taller “Niño bueno, niño malo”. He de decir que no esperaba recibir el feedback que recibí. Saber que siembro un granito de cambio en quienes vienen a los talleres es lo que le da sentido a mi trabajo y lo que hace que quiera seguir en él día a día.

De esto va la entrada de hoy, de algunas de las cosas que vimos y vivimos en ese taller.

Antes de empezar…

¿Te has preguntado alguna vez si todas esas etiquetas que les ponemos a los niñ@s van a tener algún impacto o efecto en sus vidas? Y no hablo sólo de la infancia, sino en la adolescencia y en la vida adulta. Si no lo has hecho, te invito a que reflexiones sobre ti mism@.

Es fácil, sólo ponte delante de un espejo y preséntate como si lo hicieras delante de alguien a quien no conoces. ¿Cuántas “etiquetas” han aparecido? ¿Cuáles de ellas te “pesan” a día de hoy? ¿Cuáles son tuyas y cuáles son esas que te pusieron en un momento determinado de tu vida la gente que te rodeaba?

El siguiente paso es mirarte en ese espejo, sin juicios, con ojos llenos de amor, igual que mirarías a un recién nacido, con la mayor sinceridad que hayas conocido nunca y pregúntate “¿Quién soy?”. Sigue preguntándotelo durante algunos minutos y no repitas respuestas… ¿Qué tal ha ido? ¿Ha llegado algún momento en el que te hayas sentido incómod@ o no hayas sabido qué contestar? Si ha sido así, es totalmente normal, no estamos acostumbrados a interiorizar en nosotros mismos, ni mucho menos a preguntarnos quiénes somos en realidad –  más allá de decir nuestro nombre y a qué nos dedicamos en el día a día – . ¿Cuántas “etiquetas” han salido esta vez? ¿Cuáles?

Como habrás podido comprobar, la mayoría de esas etiquetas, seguramente, te las pusieron cuando eras pequeñ@ y a día de hoy te acompañan allá donde vas porque las asumiste como parte de tu propia identidad. ¿Significa eso que sólo somos esas etiquetas? buen@, mal@, gracios@, simpátic@, responsable, … ¡¡Nada más lejos de la realidad!! Eres mucho más que eso.

Te invito ahora a que pienses en esa persona que, realmente, te molesta, no te gusta, hace que te “hierva la sangre”, …, y que te la imagines delante de ti. Vamos a hacer eso que hacemos de manera inconsciente. Apúntala con un dedo y dile eso que piensas de ella. Cuando hayas terminado, sin cambiar de posición me gustaría que contestaras a la siguiente pregunta ¿Cuántos dedos apuntan a esa persona? Y, lo que es más importante ¿Cuántos dedos apuntan hacia ti?

Sin entrar en mucho detalle, eso que tanto te molesta de esa persona, también forma parte de ti. Es lo que Carl Jung denominó “La sombra”, es decir, eso que vemos en los demás, no es más que reflejo de nuestra sombra, o dicho de otra manera, esa parte de nosotros que no nos permitimos sacar o que cuando sacamos no nos gusta. Esta dualidad del ser humano, ya se representó previamente en la famosa obra “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”.

 

¿Qué pasa cuando “etiquetamos” a los niñ@s?

Cuando a un niñ@ le decimos, por ejemplo, “¡¡qué responsable eres!!”, en la mayoría de los casos, lo que sucederá sea que ese niñ@ lo asuma como identidad propia: SOY RESPONSABLE, forma parte de mí, eso es lo que soy. Igual que asume esta afirmación, también asumirá: NO SOY IRRESPONSABLE. ¿Qué pasará conforme vaya creciendo?

Seguramente no te resulte muy complicado responder por ti mism@. Hazte estas preguntas:

– Cuando en el cole, instituto o universidad haya que hacer un trabajo en grupo, ¿quién será la persona encargada de realizar la mayor parte del mismo?

– Cuando en el trabajo haya que conseguir un objetivo en un tiempo determinado, ¿quién se quedará fuera del horario laboral para tenerlo todo terminado y poder conseguirlo? Quizá pienses que esto no está del todo mal. Párate a pensar, ¿qué pasará cuando esta persona tenga familia? O ¿qué pasará con su vida social? ¿o con su autocuidado?

– Cuando esta persona llegue a casa tras un día de trabajo intenso y necesite descanso, un paseo o quedar con los amig@s para desconectar y cargar pilas ¿qué va a suceder cuando vea que está toda la casa desorganizada? ¿antepondrá sus necesidades personales o asumirá sus responsabilidades? Porque si ES responsable, ¿se permitirá NO SERLO?

Veamos un ejemplo con una “etiqueta”que a priori puede parecer negativa: “eres tont@”. En este caso pueden pasar dos cosas:

1. Que el niñ@ lo considere parte de su identidad: SOY TONT@

2. Que el niñ@ lo considere como algo negativo y quiera demostrar que no lo es porque considera que así conseguirá el afecto y atención que necesita.

En el primero de los casos: SOY TONT@, sucederá lo mismo que en el ejemplo anterior. Es lo que se llama el “Efecto Pigmalión o de la profecía autocumplida”del que te hablo en esta entrada.

En el segundo caso, como considerará que ser tont@ es algo negativo que aleja a la gente que quiere tener cerca, tratará de demostrar cada vez que pueda que no lo es. ¿Cuáles son los efectos negativos de esto? Sí, los tiene:

– ¿Te parece poco peso pasarte la vida demostrando que NO ERES TONT@? ¿Qué carga emocional y gasto de energía puede llegar a tener en una persona?

– ¿Se te ocurre alguna situación en la que la mejor opción sea, precisamente, SER TONT@? Pues esta persona no se lo permitirá.

– Además, a ver si lo adivinas… Le molestará enormemente las personas que SEAN o SE HAGAN las TONTAS. ¿Te acuerdas del ejercicio de imaginarte a alguien delante de ti y decirle lo que piensas?

¿Existen las etiquetas buenas y malas?

Como acabamos de comprobar, NO existen las etiquetas buenas o malas, todas tienen un lado positivo y otro muy negativo. Ni siquiera las etiquetas que, aparentemente, son buenas y una gran mayoría de las personas quiere tener o que tengan sus hij@s, son buenas.

 

Es más, me atrevo a afirmar, después de lo visto en las sesiones individuales con los clientes, que las etiquetas que a priori son buenas, son las que más representan una carga para la persona que las lleva a lo largo de su vida.

 

¿Qué es lo que SÍ podemos etiquetar?

 

Se pueden etiquetar los comportamientos, en caso de necesitar enormemente etiquetar algo.

Pongamos algunos ejemplos:

“Un/a niñ@ acaba de comer y tiene la boca y las manos sucias”.

Sería tan “sencillo”como hablar de manera objetiva y respetuosa, por ejemplo, diciendo: “Veo que tienes las manos y la boca sucias ¿te acompaño y lavamos o prefieres ir sol@ a hacerlo? (en caso de que puedan hacerlo de manera independiente).

“Un/a niñ@ que tiene la habitación desordenada con todos los juguetes esparcidos”.

En lugar de decirle: “eres un desastre”, podemos decirle: “Veo que te lo has estado pasando muy bien ¿es así?, ¿qué te parece recogerlo todo mientras preparo la cena? o ¿recoges mientras preparo la cena o te ayudo a recoger y la preparamos juntos?”

Como puedes ver, en ningún momento estamos etiquetando nada. Lo que estamos haciendo en estos ejemplos es:

Conectar con ell@s.

2º Damos opciones para que ellos elijan y decidan qué hacer. Es mejor dar dos opciones cerradas que dejarlo abierto. De esta manera, sienten que su opinión es considerada y, además, dejamos en ellos la responsabilidad de asumir la acción que vendría detrás de lo sucedido, sin necesidad de ordenarles hacer nada.

(Esta parte se practica mucho en la formación de Disciplina Positiva e Inteligencia Emocional en las Familias → Pincha aquí si quieres saber cuándo es la próxima convocatoria)

Ahora bien, si sientes la necesidad imperiosa de etiquetar algo, te puedes centrar en su comportamiento en un momento determinado. Por ejemplo: “en este momento, estás teniendo un comportamiento muy desagradable”. De esta forma, no lo estamos llevando a su identidad sino a un comportamiento determinado en un momento determinado.

A nivel personal, creo totalmente innecesario este tipo de afirmaciones o sentencias teniendo en cuenta que podemos dirigirnos a los niñ@s de manera mucho más respetuosa y empática y que, además, todo comportamiento viene determinado por una necesidad subyacente.

Si no soy las etiquetas que me pusieron ¿Quién soy?

Pues ni más ni menos que la suma de todas las etiquetas, buenas, malas y regulares. Junto con la suma de tus experiencias y vivencias, tus creencias, tus valores, tu entorno, tu campo energético y muchísimo más.

Somos seres completos, no necesitamos ni medias naranjas, ni etiquetarnos de ninguna manera. Y ser completo es lo mejor que nos puede pasar porque, de esta manera, elegiremos qué comportamiento queremos llevar a cabo en cada una de las circunstancias que se nos presenten en nuestro día a día y en cada momento. Sin sentimientos de culpa, sin juicios. Con amor, comprensión y empatía.

 

 

“No eres más que quién decides ser en cada momento de tu vida, con tus luces y tus sombras. Porque ¿dónde mejor brilla la luz que en la sombra?”

 

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